Sin preparación

Sin preparación

Poco se habla de la escasez de camas UCI, de médicos y de implementos para protegerlos del contagio.

31 de marzo 2020 , 07:01 p.m.

Lo que hoy vivimos parece ser una novela de Saramago, como ocurre en su 'Ensayo de la ceguera', en donde, inesperada e inexplicablemente, toda la población, persona por persona y rápidamente, pierde la vista. Nadie escapa. La trama muestra cómo la alteración del curso natural de la vida, el asombro, la no explicación y la escasez de recursos se convierten en factores que sacan lo peor del ser humano.

La covid-19 ha aparecido en este mundo en una escala inesperada, abrupta, que ha obligado a los gobiernos a tomar medidas que rompen con lo que hemos vivido hasta ahora. Entre nosotros, muchas cosas se ponen a prueba. Nuestra manera de enfrentarnos a la realidad no ha sido distinta en esta ocasión. Podríamos destacar varios aspectos. La primera reacción fue pensar que el asunto no era con nosotros, que ocurría en otra parte, al igual que hemos visto nuestros conflictos de guerra y violencia. La mejor manera ha sido negarlo, tal como se niegan los asesinatos de los líderes sociales.

Las fallas de nuestro sistema educativo, que eliminó o debilitó el estudio de la historia, la filosofía y las humanidades, parece que nos haya quitado la capacidad de pensar. Solo nos enseñan a memorizar. La ciencia no está en nuestras reflexiones. Muchos no se protegen del contagio y lo “dejan en manos de dios”. Hasta el Presidente acude a la protección de la Virgen. Algunos alcaldes y gobernadores reaccionaron, acudieron al toque de queda y a la ley seca. Como si el virus solo atacara por la noche y a los borrachos. Estábamos en manos de la magia.

La covid-19 ha aparecido en este mundo en una escala inesperada, abrupta, que ha obligado a los gobiernos a tomar medidas que rompen con lo que hemos vivido hasta ahora.

Las declaraciones del Gobierno nos revelaban que teníamos al Presidente menos preparado para enfrentar la amenaza más apremiante. Reaccionó tarde y solamente empujado por las acciones que sí tomaban gobernadores y alcaldes. Una vez declarado el aislamiento, medida acertada, y el consejo de lavarse las manos frecuentemente, el Presidente aparece casi a diario con algunos funcionarios que reportan las medidas que se llevan a cabo. Casi siempre limitadas a lo que debería haber hecho desde el comienzo de su gobierno, es decir, aquellos programas dedicados a mitigar la pobreza.

Son reuniones demagógicas que mencionan “abuelitos”, madres cabeza de familia, poblaciones marginales. Levantan artificialmente las expectativas, sin abordar los impactos a gran escala en la economía. Tampoco consideran que la mayoría de los trabajadores colombianos están en el sector informal, sin protección alguna.

Pero, si en lo económico no se aborda lo esencial, es asombrosa la superficialidad como se trata la salud. Ha sido fundamental decretar el aislamiento, pero poco se habla de la escasez de médicos, enfermeras y auxiliares de enfermería, de mascarillas, camas hospitalarias, camas UCI, equipos de respiración artificial y los implementos necesarios para proteger del contagio al personal sanitario. Es terrible para nosotros la expoliación de nuestro sistema de salud por ineficiencia, políticos y corruptos. Según el Banco Mundial, en 2017, por cada 1.000 habitantes, teníamos 1,5 enfermeras, 2,1 médicos y 1,5 camas hospitalarias. Italia, país que lucha con dificultad contra la pandemia, tenía 5,9 enfermeras, 4,1 médicos y 3,4 camas. Hay países que superan por 9 veces a Colombia en esos indicadores.

Esta situación de salud debe ser el factor más importante de modificar y reportar, algo que nos demuestre que sí se está haciendo algo para atacar la situación de salud, más que para mejorar la imagen del Presidente de la República, tan deteriorada y tan difícil de elevar. Estamos sometidos a que, un día, sin explicación, desaparezca el virus como lo hizo la ceguera en la novela de Saramago.

Pero, eso es magia.

Carlos Castillo Cardona

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