Si fuera grande

Si fuera grande

Debe recuperar el camino de la paz, respetar lo acordado y aprobado. Debe proteger el medioambiente.

15 de octubre 2019 , 07:02 p.m.

Una mañana, después de innumerables pesadillas, el presidente Iván Duque se despierta y se da cuenta de que debe cambiar radicalmente el rumbo de su gobierno. Su imagen está en una caída en picada, y sabe que, en los casi tres años que le faltan para terminar su mandato, cada día le parecerá una eternidad. Cambiar todo requiere grandeza y altura de miras. También siente que sus limitaciones le impiden saber lo que tendría que cambiar para mejorar su imagen y encontrar la paz y el bienestar del país. Aunque, sin acabar de entenderlas, dentro de sus pesadillas hay varias indicaciones para cumplir con su deber.

a) Un presidente no debe gobernar solo para favorecer a unos pocos: un expresidente que lo escogió, la camarilla que lo rodea, los grupitos políticos que lo apoyan, los grupos económicos que medran con su gobierno, y para un país extranjero que lo utiliza. Su visión ha estado equivocada desde un principio. La democracia exige que el presidente elegido gobierne para todos los ciudadanos.

b) Debe respetar la independencia de poderes. No puede influir en la justicia opinando sobre la bondad e inocencia de Uribe o Uribito, ni prejuzgar sobre los delitos que ocurren en el país. No debe presionar, ni estimular, ni comprar votos en las cámaras ni permitir que otros los compren.

c) Debe recuperar el camino de la paz, respetar lo acordado y aprobado. No desarticular la JEP. Romper la corrupción en la Policía y el Ejército para que persigan y capturen a los que están perpetrando la matanza sistemática de los líderes sociales que defienden la paz, la ecología, sus derechos y los derechos humanos. Como presidente, su obligación es la de proteger la vida y la honra de todos. Está atrasado en el cambio de ministro de Defensa.

Debe dar una mayor oportunidad de participación en esta democracia que la Constitución define como participativa. Hay que romper las amarras de los partidos

d) Debe volver al principio tradicional de Colombia, que pone la diplomacia por encima de la estrategia de la amenaza, el aislamiento de los países y el veto. Hay que cambiar al Canciller, que nada le ayuda. No le ayuda ser obsecuente con Trump. Lo ha llevado hacia callejones sin salida.

e) Debe comprometerse en una lucha efectiva contra la corrupción, que corroe todos los estamentos, reduce la eficiencia de recursos e inversiones, mina la moral de los ciudadanos y sirve para generar instrumentos políticos equivocados, que se pueden volver en contra suya.

f) Debe promover y estimular procesos económicos que nos saquen de este marasmo en el cual solo ganan los que siempre ganan. La manipulación estadística solo saca de pobres a los pobres en el papel. Ellos siguen sufriendo cada día más. Que abandone la tontería improvisada, la entelequia, de la economía naranja, que ni hace ni deja hacer cultura.

g) Debe proteger el medioambiente y promover normas, mecanismos e instituciones que no nos lleven al cataclismo ambiental, pues solo beneficia a aquellos que depredan y corrompen en su afán desbordado de explotación económica.

h) Debe dar una mayor oportunidad de participación en esta democracia que la Constitución define como participativa. Hay que romper las amarras de los partidos. Llamar a un acuerdo nacional para enderezar el curso y llegar a un país democrático, donde haya mejor justicia y un mayor desarrollo para todos.

Al borde de la cama, extiende sus brazos y bosteza. Se asusta con todo lo que habría que hacer. No se permite más osadías. Oye un timbre. Descuelga el teléfono, ‘¿Aló?’, se pone de pie cuando oye la voz que le habla, ‘Sí, presidente. A sus órdenes...’. Cuelga, y llama a una reunión a la Vicepresidenta, a su jefe de gabinete, al Canciller y a los ministros de Defensa y de Desarrollo. Hay que obedecer al presidente. Sabe que él no tiene la grandeza para desobedecer y cambiar.

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