Pospandemia y cambio

Pospandemia y cambio

No es solo la pandemia la que da la fiebre. Este aislamiento produce ideas febriles y utópicas.

26 de mayo 2020 , 07:40 p. m.

Este encierro se va a relajar para caer en una paradoja: nos encerraron para preservar la salud, pero quebraron la economía; ahora nos debemos arriesgar para recuperar la economía. Fue el ir y venir del ‘programa del Presidente’, causado por el temor a los servicios de salud insuficientes. Los resultados de las privatizaciones.

En este diluir del confinamiento vale la pena pensar en la pospandemia. Mucho se ha especulado en la soledad del encierro y, según los interese e ideología de cada cual, resultan tres posiciones: todo cambiará, nada cambiará y el capitalismo hará que todo se ajuste y amolde a la nueva realidad.

Mi amigo Adam, que siempre piensa en los orígenes, dice que la nueva época no puede ser igual a lo que venía, pero tampoco reiniciaremos de cero. Cree que el capitalismo feroz internacional y el mediocre nacional harán todo lo posible para ajustarse o, peor aún, para aprovechar la situación y seguir torciéndoles el pescuezo a los que dominan y explotan. Pero, a su vez, Adam sueña con la posibilidad de que la pandemia pueda haber generado un remezón en la sensibilidad de las conciencias de los que gobiernan el mundo y busquen sociedades más justas, más equilibradas y más humanas. Adam dice que para ello, los amos del país tendrían que asumir, entre otras cosas, ciertos cambios:

1) Deberían empezar a no ocultar lo real con construcciones virtuales. Asumir la pobreza, la injusticia y la desigualdad que existen. El Dane debería asumir los datos y abandonar las especulaciones. Las casas de encuestas deberían atenerse a la ciencia estadística y no a los intereses de los que las contratan. De igual manera, las cadenas de televisión, sus noticieros, las cadenas de radio, los periódicos impresos y las redes sociales deberían respetar la verdad en vez de construir falsas verdades en función de sus intereses.

2) Revisar el sistema que nos domina: reconsiderar el capitalismo salvaje y sus armas, como la privatización y la destrucción del Estado; reducir la globalización, que solo da ventajas a las multinacionales; garantizar la salud, la educación y los servicios públicos en función del bienestar general, en contra del negocio que se ha montado con ellos.

Todos debemos adoptar el desafío de eliminar la desigualdad y la pobreza. Que eliminemos nuestros prejuicios. Que nuestro único interés sea el bienestar
de todos.

3) Lograr la democracia ampliada, por encima de la participación restringida y vertical que dominan los políticos corruptos, los jueces venales y los burócratas ineficientes. Volver transparentes al Ejército y la Policía. Que no sean más manzanas podridas, ni mucho menos pomares enfermos.

4) Los actores deben redefinir sus roles. Los empresarios, racionalizar sus ganancias; los sindicatos, preocuparse por todos los trabajadores, no solo por los dirigentes; los empleados, cumplir; las empresas depredadoras, respetar el medio ambiente; los empresarios nacionales, no vender fácil y cómodamente sus empresas; los extranjeros, no devorar a los nacionales. Los gremios no deben imponer sus intereses sobre el poder político, nunca tratar de remplazarlo; no pueden ocultar su egoísmo con la falsa generosidad que no tienen. Si los empresarios quieren ser generosos, que no den dádivas, que paguen los impuestos que evitan con exenciones y tretas contables impuestas por presión política.

5) Todos debemos adaptarnos al desafío de eliminar la desigualdad y la pobreza. Que eliminemos nuestros prejuicios. Que nuestro único interés sea el bienestar de todos.

Por supuesto, estas reflexiones de Adam fueron hechas en el total aislamiento. Reculando su pensamiento anterior, el de siempre. No es solo la pandemia la que da la fiebre. Este aislamiento produce ideas febriles y utópicas. Incluso para Adam. La pospandemia que nos va a tocar no la sabe nadie.

Carlos Castillo Cardona

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