No es disculpa, es peor

No es disculpa, es peor

Duque tenía que saber lo que hacía cuando aceptó la candidatura. Ser consciente de su inexperiencia.

05 de febrero 2019 , 07:00 p.m.

Los ciudadanos poco ágiles para entender la política votaron sin darse cuenta de las limitaciones de Iván Duque. Solo pesó: “El que diga Uribe”. No se fijaron en su escasísima experiencia en el sector público. Pero, rápidamente despertaron del sueño. Se notaron su falta de altura y su desconocimiento de lo que es un presidente. No le ayudaron su encuentro con el rey de España, ni el discurso de posesión del presidente del Senado ni la frase que se escuchó en la reunión de su partido: “El Gobierno es el Gobierno, y el Centro Democrático es el Centro Democrático”. Quedó claro quién iba a gobernar.

La imagen de Duque continúa su dramática caída. No le ayudan los aburridos consejos comunales, realizados en cualquier parte, sin resultados claros, como los que hacía su jefe. No se sabe quién escogió los ministros, pero parece que cada uno va por su lado. Duque se desdibuja cuando hace anuncios oficiales, siempre rodeado de militares, del ministro de Defensa con aire ausente, y con ambiciosa omnipresencia del Fiscal. La Vicepresidenta, que no se sabe qué hace ahí, lo mira con sospecha y casi odio. Los mensajes presidenciales, bastante gritados, no le dan la autoridad de la que carece. En ese laberinto en que nuestro Presidente se encuentra, parece dar vueltas sin sentido, esperando las órdenes que usualmente lo hacen errar.

El inhumano atentado reciente del Eln ha puesto en jaque al Presidente. Su canciller, que ha pasado media vida como embajador, no le explica, quizás porque no lo sabe, el principio elemental de distinguir un compromiso de Estado de uno de gobierno. Duque no firmó el protocolo. Tampoco muchos convenios. Pero está obligado a ellos.

Se pretende disculpar a Duque con la bizarra idea de que él no es responsable de las cosas que hace, por su falta de experiencia y porque no tiene preparación para saber lo que debe hacer.

No puede con el caso venezolano. Solo va a obedecer lo que Trump le diga. Ya han venido misiones de allá, y el presidente Duque va para Washington. “Todas las opciones están sobre la mesa”. Roguemos para que no nos veamos envueltos en una guerra que se puede evitar con diálogo diplomático. Se trata de negociar y controlar el drama de los colombianos que están allá y los venezolanos que están aquí. Eso no es igual a aprobar ese escandaloso gobierno. Al canciller se le debería advertir del peligro de cumplir los designios de Uribe y Pastrana. Es esencial que Maduro no siga en el poder, pero no es una ventaja que el vacío lo ocupen los intereses de Trump por el petróleo.

Pero lo grave, que refleja nuestra débil formación política, es el sentimiento general que recorre la república. Se pretende disculpar a Duque con la bizarra idea de que él no es responsable de las cosas que hace, por su falta de experiencia y porque no tiene preparación para saber lo que debe hacer. Dicen, para exculparlo, que no tiene la inteligencia para responder a situaciones desconocidas o no estructuradas. Estamos llegando a lo que alguna vez declaró inocente a un ministro: “La ignorancia invencible”.

No hay disculpa posible. Duque tenía que saber lo que hacía cuando aceptó la candidatura. Tenía que ser consciente de su inexperiencia y poca preparación. Él es responsable. Pero también, y en forma más grave, lo es el presidente Uribe, que lo empujó hacia el poder, seguramente con el deseo de gobernar en la sombra. Y también son responsables los que lo rodean y se aprovecharon de los acuerdos y artimañas para estar ahí. La ingenua inocencia del Presidente no justifica que sea el instrumento de otros.

Los que piensan ‘pobre Iván, no sabe lo que hace. Él es una víctima’ son igualmente responsables del difícil momento en que nos encontramos. Tenemos dos presidentes: uno que oculta su culpabilidad en la sombra y otro de quien nos quieren convencer de que no ha llegado a la edad del uso de razón.

Sal de la rutina

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