Incertidumbre e inquietud

Incertidumbre e inquietud

El Presidente tiene que saber qué se pide con el paro. Está obligado a dar respuesta a esas demandas

26 de noviembre 2019 , 07:40 p.m.

Estos son días de incertidumbre, inquietud. Tengo la impresión de que las cosas no se aclaran. El jueves, el paro llegó rodeado de voces que agoraban el desastre. Había que desmoralizar la masiva protesta de la mayoría de los colombianos, cansados de los políticos, de las desigualdades, de la corrupción y de la ineficiencia del Estado. Se buscaba alarmar con las imágenes violentas de otras ciudades que protestaban contra sus gobiernos. Había que llamar a la calma. Nuestro Gobierno no está preparado para enfrentar tales contingencias. Son un gobierno y una clase política acostumbrados a usar gases, agua y bolillo.

No se sabe quiénes son ni a quién representan los encapuchados energúmenos que surgieron de la manifestación para tirar piedras, escribir en los muros y quemar contenedores. Los adjetivos de vándalos, terroristas, desadaptados solo muestran la incapacidad de acción del Gobierno. Cuando Peñalosa les echó la culpa a los “politiqueros”, debió mencionarlos. Una acusación tan general solo muestra la ineptitud del Gobierno.

¿A quién benefició la violencia? Solo le sirvió al Gobierno. El foco de la atención pasó inmediatamente de mostrar lo exitoso del paro y de la marcha a concentrase en los hechos violentos. Buen truco.

Sin embargo, si este gobierno no fuera tan bisoño, debería saber que cuando se carga contra una multitud que se manifiesta pacíficamente, los resultados son desastrosos. En instantes, lo que era una marcha que se preveía para un día se ha convertido en un movimiento de múltiples marchas, plantones, veladas y caceroladas. No sabemos cuándo parará. La muerte de Dilan agrava todo.

Si este gobierno no fuera tan bisoño, debería saber que cuando se carga contra una multitud que se manifiesta pacíficamente, los resultados son desastrosos

Finalmente, el Gobierno, quizás alejándose del espíritu de su propio partido, el Centro Democrático, se dio cuenta de la necesidad de responder con un tratamiento distinto a la fuerza. Eso puede ser esperanzador, pero hay que saber cómo hacerlo. Quizás ‘conversación’ no sea la palabra adecuada. No es una charla, ni un chat. En estos momentos críticos no se trata simplemente de oír, aunque oír sea esencial.

En la confusa presentación del Presidente, hecha con cuentagotas, habló de conversar, y su primer acto demagógico fue hacernos creer que la reunión de los alcaldes y gobernadores recién elegidos era el arranque de la “conversación”. Lamentable empezar así, sin transparencia, pues esa reunión estaba programada mucho antes de los hechos. Sin embargo, pueda ser que, ante una situación desesperada, ahora oiga las críticas.

Creo que no se trata de recorrer el país en modo de escucha para tener el 15 de marzo un conjunto de respuestas a las preguntas que se le van a hacer. El Presidente ya tiene que saber qué se pide con el paro. Está obligado a dar respuesta a esas demandas con medidas concretas. Son demandas específicas sobre lo que la gente llama “el paquetazo de Duque”: reforma laboral, reforma pensional, holding financiero, privatizaciones, corrupción, tarifas eléctricas y reforma tributaria.

Debe tener una propuesta para el salario mínimo y respetar la protesta social. Debe garantizar el cumplimiento de los acuerdos. El mandatario y su equipo están obligados a saber de qué se trata. Y deben presentar sus propuestas a los que son, a los que organizaron el paro y a los responsables de levantarlo. La idea de una larga “conversación” para redirigir el Estado, la economía y la sociedad es necesaria; es esencial redirigirlo para buscar más bienestar, menos desigualdad y mejor participación. Pero tratar de mezclar lo urgente e inmediato con la larga conversación que debe transformar este país es la mejor manera de no hacer ni lo uno ni lo otro. A eso nos han acostumbrado los políticos.

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