El voto no voto

El voto no voto

La falta de fe en la política y el descrédito de los políticos se mantienen y crecen.

30 de abril 2019 , 07:00 p.m.

Hace unos días vi en las noticias españolas que tres pequeños pueblos se habían reunido para expresar que no votarían en las elecciones. Sus argumentos eran lógicos. ¿Por qué votar por unos políticos, fueran del partido que fueran, si no se preocupaban por lo que ocurría en sus localidades? Se quejaban de la poca atención médica, de los escasos servicios educativos, de lo poco frecuente del servicio de transporte y de la poca atención que les prestaba el Gobierno. Los reporteros de la televisión que asistieron a escuchar sus argumentos mostraron la imagen de un pedazo de pavimento levantado en una carretera. Los lugareños planteaban un boicot político, la abstención como estrategia política. “Nuestro voto es el no votar”.

Era gente que estaba lejos de la pobreza y, mucho menos, de la miseria. Se veían bien alimentados, bien vestidos, educados y discursivos. No eran simples palurdos, ni pobres ni venidos a menos. Eran ciudadanos que se sentían abandonados de los políticos. Sus pueblos estaban en buen estado, sin edificios a medio caer o a medio construir, con calles pavimentadas y un comercio y espacio público bien organizados. Su queja no era la pobreza. Era el abandono de los políticos que gobernaban gracias a sus votos y que, una vez elegidos, se olvidaban de ellos y de sus pueblos.

¿Se imaginan ustedes el movimiento político que se podría
armar en Colombia basados en
el descuido, si no desprecio,
que los políticos tienen por sus electores?

¿Se imaginan ustedes el movimiento político que se podría armar en Colombia basados en el descuido, si no desprecio, que los políticos tienen por sus electores? ¿Qué piensan las gentes de tantos pueblos y barrios en estado de abandono, de pobreza, con servicios deficientes o sin ellos, con obras inconclusas a causa de la corrupción, con gobernantes probadamente ineficientes? Colombia ya tiene una historia de abstención causada por la mala política, por el olvido de los políticos que fueron elegidos para servir, pero que solo usufructúan el poder. Cuando pasan las épocas electorales, después de abrazos, compra de votos, tomatas, sancochos y promesas, solo quedan la hojarasca y el olvido.

La falta de fe en la política y el descrédito de los políticos se mantienen y crecen. La abstención sigue más o menos alta, y los políticos tradicionales nada o poco hacen para mantener el contacto con sus electores. Durante cuatro años no vuelven a saber de ellos, excepto cuando los medios los denuncian en casos de corrupción, paramilitarismo o cualquier otro delito. O, simplemente, de un “usted no sabe quién soy yo”. Los ciudadanos que ven los programas de la Cámara y del Senado, que nos imponen en la televisión, se sienten alejados, abandonados. Les aumentan el cansancio y la frustración. Saben que la palabrería del Congreso solo los mantiene en un nivel de vida inferior al que tienen derecho y que podrían tener si no hubiera corrupción, mal gasto e ineficiencia administrativa.

¿Se imaginan que el desencanto político produjera una abstención consciente y organizada? ¿Qué tal si, tipo novela de Saramago, un día de estos, la gente se despertara con el chip del no votar encendido? ¿Qué sería de la clase política que vive del verbo, del no solucionar, de las prebendas y de dar la espalda a la gente? ¿Qué actividades desarrollarían para tener los beneficios de que gozan?

No tuvo mucha repercusión la protesta de los tres pueblos de España. Las elecciones de este domingo se desarrollaron con una amplísima participación. Resurgió el Partido Socialista, los del medio crecieron, perdieron los más señalados por corrupción. El partido de extrema derecha, tan en auge en Europa, no tuvo un crecimiento desmedido.

Poco se resuelve con el no hacer o no votar. La democracia se necesita. Cada día se necesita más para que los políticos cambien.

Sal de la rutina

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