El país de César Gaviria

El país de César Gaviria

Un contralor no debe servir al Presidente, debe proteger a los ciudadanos.

22 de agosto 2018 , 12:00 a.m.

La posesión del presidente Duque, más allá de la anécdota, sirve para entender lo que serán estos años de gobierno. Quizás no sea casualidad que la furia de los elementos se haya desatado ese día con temblores y vendavales.

El destemplado discurso del presidente del Senado contrastó con el de posesión del Presidente. Eran caras opuestas. Se puede suponer que el señor Macías pronunció un discurso hecho por cuenta propia, sin la opinión de nadie. Pero esto parece desmentido por el regocijo que desató lo dicho por Macías, tal como se vio en la filmación de la reunión de los parlamentarios del Centro Democrático ese mismo día, minutos después. Celebraban solos, sin él. “Era necesario decirlo”, dijo Uribe. Y, a renglón seguido, alguien repitió lo que en una entrevista había dicho la vicepresidenta para mostrar su independencia: “El Centro Democrático es el Centro Democrático, y el Gobierno es el Gobierno”. Los del Centro Democrático usaron la misma frase, con cinismo, para afirmar que ellos estaban por encima del Gobierno.

Por eso no importa lo que Duque sepa o diga. De los tres expresidentes que acordaron el contralor, el más sonriente es Gaviria.

Grave sería que el Presidente supiera del contenido del discurso de Macías, lo hubiera aceptado y después pronunciara, con hipocresía supina, unas palabras que mostraban una visión opuesta de la manera de hacer política. Buen actor o no, la actitud de Duque, juiciosamente sentado con la bandolera presidencial, con los ojos abiertos como platos, mostrando desconcierto, nos conduce al supuesto más grave: el Presidente no tenía idea de lo que Macías iba a decir, no tenía la menor información ni de su partido ni del presidente del Senado. Era un presidente solo, con su juvenil ingenuidad, aislado de su propio partido y con un mando formal, sin saber cómo usarlo, porque los que sí saben se sienten por encima del Gobierno.

Terrible realidad para los colombianos que no sabemos si el que gobierna manda o los que mandan no están en el Gobierno. El presidente Duque ha hecho todos los esfuerzos para tratar de mostrarles a los colombianos que él manda. Ha ido a los sitios de tragedia para dar órdenes que corresponden a los alcaldes o a los gobernadores o a los responsables de atender las emergencias del país. Ha echado discursos del ‘vamos a hacer’, tocado guitarra y hecho reuniones comunales tipo Uribe. Y, sobre todo, ha ido a darles la razón a la reunión de Asobolsa y de la Andi. Son rendiciones de cuentas poselecciones. Los nombramientos de ministros y funcionarios hechos por Duque muestran que este gobierno no ha abusado de la puerta giratoria, donde los funcionarios públicos de hoy eran los empleados y agentes del sector privado. No es abuso, es el método, la estrategia, la esencia del Gobierno. Vivimos la invasión, el abordaje, del sector privado.

No debemos sorprendernos, este es el país de César Gaviria. Cuando todos piensan que el que manda es Uribe, no se dan cuenta de que la idea de la nulidad del Estado nacional, en un mundo globalizado y en manos de las grandes multinacionales, fue impuesta por César Gaviria. El desbarajuste que Duque enfrenta es consecuencia de esa ideología, aunque no se dé cuenta. Es la privatización, la disminución del Estado, la reducción de impuestos para las grandes empresas, la opresión a las organizaciones sociales y el debilitamiento del sector social. Por eso no importa lo que Duque sepa o diga. De los tres expresidentes que acordaron el contralor, el más sonriente es Gaviria. Los gobiernos de los otros dos fueron consecuentes con su legado, fueron su instrumento. Por eso es aberrante su frase: “Un contralor que le sirva al Presidente”. Un contralor no debe servir al Presidente, debe proteger a los ciudadanos controlando el Gobierno.

CARLOS CASTILLO CARDONA

Columnistas

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