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Petro es Petro

Petro es Petro

El Presidente puede adaptarse a las exigencias de la presidencia.

A quienes estamos interesados en la historia de los presidentes de la República, de su manera de gobernar y de la forma en que organizaron sus gobiernos, el estilo Petro resulta muy difícil de caracterizar. Si bien es cierto que su actividad es febril, particularmente en el contacto con las gentes –en recintos abiertos o cerrados y a través de las redes sociales–, es muy poco lo que se traduce en realizaciones concretas de su acción.

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Seguirle la pista no es sencillo. En la semana anterior, por ejemplo, regresó el lunes 8 de mayo de su viaje a España y a Portugal después de reconocer, desde este último país, que el Fiscal General de la Nación “no estaba subordinado a funcionario alguno”. Al día siguiente almorzó con los presidentes de las cortes, posesionó al director de la Policía Nacional y se reunió con los ponentes de la reforma pensional. En algún momento reaccionó airadamente al análisis técnico de un grupo de investigadores del Banco de la República que hicieron las cuentas de los costos del proyecto de reforma laboral y calcularon la pérdida de empleos que traería consigo. Para el Presidente, el mercado de trabajo no existe y la generación de empleo no depende del nivel de los salarios. Esa misma tarde, miles de reservistas de las Fuerzas Militares y la Policía se concentraron en la plaza de Bolívar para protestar contra el Gobierno.

El jueves asistió al Congreso Anual de Energía, en donde le manifestaron la preocupación por la demora de los nuevos proyectos de generación, por una transición energética en “cuidados intensivos”, y por el riesgo de no estar bien preparados para enfrentar un intenso fenómeno de El Niño en el segundo semestre del año. Ese día se reunió también con 85 generales y almirantes de las Fuerzas Armadas y les pidió enfocar sus esfuerzos en luchar contra el narcotráfico. Allí afirmó que el Eln de hoy en día es muy diferente al del pasado y “está peleando territorios por la economía ilícita”, lo que generó otra crisis en las conversaciones con ese grupo insurgente.

Al cabo de nueve meses de gobernar parece haber entendido la complejidad de los problemas que enfrenta el país y que debe organizar el Gobierno de mejor manera si quiere avanzar en su solución.

Al término de la semana el Presidente decidió, el viernes en la tarde, usar la televisión para una alocución no improvisada de 8 minutos, en un tono conciliador que contrastó con el discurso del balcón de la Casa de Nariño. Llamó a construir las reformas “entre todos”. Era un presidente diferente al del resto de la semana. Aunque no dejó de culpar a la junta del Banco de la República por el efecto del alza de los intereses sobre la actividad económica, sin esperar el dato de crecimiento del primer trimestre de 2023, y se inventó la nueva y extraña teoría de que para bajar la inflación y compensar el alza de las tasas de interés en la industria y la agricultura, era necesario subir los aranceles a las importaciones.

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Petro es Petro y no es posible pedirle que cambie su personalidad. Pero al cabo de nueve meses de gobernar parece haber entendido la complejidad de los problemas que enfrenta el país y que debe organizar el Gobierno de mejor manera si quiere avanzar en su solución. No puede andar en solitario de un sitio para otro planteando teorías a la ligera, sin estar pendiente de la administración del aparato ejecutivo y de la ejecución presupuestal. No puede despreciar la técnica de forma tan olímpica. Tiene a la mano al Departamento Nacional de Planeación, a los técnicos de los ministerios y puede reforzar su equipo en la Casa de Nariño. Así lo hicieron mandatarios exitosos en el pasado.

A juzgar por la alocución del viernes, el Presidente puede adaptarse a las exigencias de la presidencia. A la dignidad del cargo más importante del país. A la representación de todos los colombianos y no exclusivamente de quienes votaron por él hace un año.

CARLOS CABALLERO ARGÁEZ

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