No confluyeron la economía y la política

No confluyeron la economía y la política

Con la ley de financiamiento hubo un juego exacerbado de intereses privados y políticos. De lobby.

07 de diciembre 2018 , 08:02 p.m.

Sobre un aspecto de la ley de financiamiento existe un consenso generalizado: el bochornoso proceso para llegar a un acuerdo que sirviera de base a la ponencia en las comisiones conjuntas del Senado y la Cámara de Representantes. Es bien sabido que la discusión de las leyes tributarias en el Congreso es muy azarosa. Esta vez, sin embargo, se superaron todas las marcas anteriores.

Cambiar el estatuto tributario era en el pasado mucho más fácil que ahora; los gobiernos declaraban los ‘estados de excepción’ que permitía la Constitución. Desde 1991 no es posible acudir a esa figura, por lo cual las reformas tributarias deben hacer su paso por el Congreso, que es en donde confluyen la economía y la política. Y la discusión entre técnicos y políticos requiere entender las restricciones de ambas partes y, ojalá, que ambas compartan una visión de futuro. El Congreso es una ‘caja negra’, y por ello no se puede dejar al garete y que haga lo que quiera.

En el pasado, las leyes aprobadas por el Congreso implicaban conversar con los jefes de los partidos y hacer un trabajo intenso con los parlamentarios. Para lograr el trámite de unas medidas tributarias y de gasto público muy complejas a finales de 1984, el presidente Betancur envió al ministro Junguito a que las explicara a los expresidentes, quienes no solamente sabían de impuestos, sino que conocían el funcionamiento del Congreso y algo de ascendiente tenían sobre los congresistas. No eran, ni mucho menos, unos ‘muebles viejos’.

Además, había unos senadores y representantes expertos en los temas, como Víctor Renán Barco, Gabriel Rosas o Rodrigo Marín Bernal, con quienes había que negociar, pero, una vez estaban de acuerdo, se convertían en grandes aliados de los ministros de Hacienda. Y algunas veces tocaba nombrar a algunos de sus amigos –o amigas– en el servicio exterior. Algo que no era corrupción y sobre lo cual no hay que rasgarse las vestiduras.

Parece que en esta oportunidad, ni el Presidente ni el ministro de Hacienda conversaron siquiera con los jefes de los partidos. No hubo política ni acuerdos previos, sino un juego exacerbado de intereses privados y políticos. De lobby, resentimientos y emociones. Así los describe con lujo de detalles la exposición de motivos de la ponencia. Y así lo reportaron los medios de comunicación. ¿Qué tal que a un senador se le ocurra sacar del sombrero una sobretasa del 5 por ciento al impuesto sobre la renta pagado por los bancos porque los detesta, lo mismo que a sus dueños? ¿O que otro tenga la brillante idea de que no se pueda descontar sino el 90 por ciento de los pagos del IVA por compra de insumos o pagos de servicios de las firmas, en vez del 100 por ciento? Por fortuna, el ministro Carrasquilla detuvo algunos de esos monstruosos goles.

* * * *

Como quedaron las cosas, el análisis de Fedesarrollo muestra que en los próximos tres años habría que presentar nuevas leyes de financiamiento a fin de tapar los huecos previstos para 2020, 2021 y 2022. Una perspectiva terrible.

Así las cosas, asumiendo que la ley que se discute en el Congreso se apruebe en los próximos días y logre financiar parcialmente el presupuesto nacional del 2019, debería procederse desde ya a conformar una comisión accidental del Congreso para que se reúna con el Gobierno y los miembros de la comisión de expertos que preparó el informe entregado en diciembre de 2015 (cuya convocatoria solicitó el mismo Congreso en la Ley 1739 de 2014) y redacte, con calma, juicio y responsabilidad, un proyecto de ley de reforma tributaria estructural que se presente al Congreso y ponga fin a los ajustes tributarios cada año. Si no se hace así, este país no sería viable hacia el futuro.

Columnistas

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