Más allá del 3,3 %... y de la marcha

Más allá del 3,3 %... y de la marcha

Una secuela de la marcha podría ser la de dar un timonazo y reinventar el modelo de desarrollo.

22 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

El jueves de la semana pasada se conoció la cifra de crecimiento de la economía en el tercer trimestre del año, que llenó de satisfacción al Gobierno. Y, como le oí decir a un comentarista radial, “mal haríamos en tirarnos la cifra”. Pero, por favor, pensemos más allá del 3,3 por ciento y miremos hacia el futuro.

Obviamente que es mejor crecer al 3,2 por ciento en lo corrido de este año que hacerlo al 2,6 por ciento, como en el pasado o al 1,5 por ciento de 2017. Y obviamente que es satisfactorio crecer más rápido que el resto de los países de América Latina. Como diría Pambelé, “es mejor tener bastante plata en el banco que poquita”. Y para el Gobierno es un buen resultado porque le apostó a un crecimiento en el año superior al 3 por ciento y va ganando (lo del 3,6 por ciento no era posible).

La preocupación surge por el lado de las fuentes del crecimiento. No es posible darse por satisfecho cuando los sectores que crecen son el financiero, el comercio, la administración pública, las actividades profesionales, las inmobiliarias y las artísticas. Porque la agricultura y la ganadería se expanden al 2,6 por ciento; la industria manufacturera, al 1,5 por ciento; el petróleo y la minería, al 1 por ciento, y la construcción se contrae 2,6 por ciento. ¿Son estos motores de crecimiento sostenibles en el tiempo? ¿O estamos experimentando una situación muy particular, impulsada por el consumo de los hogares, en una coyuntura extraña en la cual el desempleo aumenta pero hay factores como la demanda de los migrantes venezolanos y de quienes reciben remesas del exterior?

Temo, sin embargo, que el desenlace refuerce en el Gobierno la idea de evitar cambios económicos e institucionales que pudieran incrementar el descontento

En la inversión, que también creció, está la clave para asegurar el largo plazo. Es lo que aconseja la literatura económica: aumentar la capacidad de la economía para producir bienes y servicios e incrementar la productividad en el uso de los recursos, del capital y de los trabajadores. Para ello es importante la confianza en el futuro, tanto como el acceso a la tecnología y a un capital humano calificado.

Infortunadamente, en Colombia la perspectiva no es halagüeña. Los estudios más recientes muestran que la productividad en Colombia en vez de aumentar disminuye y, por consiguiente, no contribuye al crecimiento. Y que para crecer por encima del 3,5 por ciento se requiere invertir más e invertir eficientemente.

No podemos pararnos complacidos sobre las cifras trimestrales porque así no se llega al futuro. Se necesita un esfuerzo coordinado entre el Estado y el sector privado para eliminar los obstáculos que impiden el crecimiento económico sobre bases firmes y duraderas. De ahí la importancia de las reglas de juego estables para la inversión privada, razón por la cual no puede modificarse el estatuto tributario año tras año. Un acuerdo político mínimo debería ser no tocar el régimen de impuestos por diez años. Con tarifas altas o bajas, pero estables. Y la importancia de que el Gobierno Nacional cuente con recursos fiscales permanentes para invertir en educación, salud e infraestructura.

Secuelas de la marcha

La marcha de antier en Bogotá no podía terminar bien no obstante el llamado a que se realizara en forma pacífica. Eran tantas las razones para marchar que al final no tenía propósito. Se quería manifestar el descontento de los más, pero se convirtió en la anarquía de los menos.

Una secuela interesante de la marcha podría ser la de dar un timonazo, cambiar el rumbo y reinventar el modelo de desarrollo. Explorar las formas para armar un ‘estado de bienestar’ que funcione en beneficio de las clases menos favorecidas por la fortuna. Temo, sin embargo, que el desenlace refuerce en el Gobierno la idea de evitar cambios económicos e institucionales que pudieran incrementar el descontento. El riesgo sería, entonces, no solo el inmovilismo, sino el populismo.

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