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Los daños del paro

Los daños del paro 

¿Quién en su sano juicio busca generar tal destrucción en un país tan pobre como Colombia?

18 de junio 2021 , 09:15 p. m.

La gran paradoja del paro con el cual azotó al país el Comité del paro –sin que se sepa a quién representó ni en nombre de quien actuó– es que la protesta no tuvo efecto positivo alguno para nadie. Al contrario. Hizo un daño gigantesco en términos de vidas humanas, pobreza, destrucción de bienes públicos y privados, estancamiento y parálisis de la actividad productiva, además de alza de los precios.

Si no fuera porque el país entero lo vivió, no cabría en la cabeza pensar que a alguien en su sano juicio se le ocurriera afectar de tal manera la existencia de unas comunidades golpeadas, como si fuera poco, por la pandemia causada por el coronavirus con su secuela de 100.000 muertos. La intención no era –no podía ser– buscar exclusivamente apoyos políticos para elecciones del año próximo.

Lamentablemente hubo el propósito de provocar destrucción y caos, con fines más oscuros.

El Ministerio de Hacienda avaluó hace unos días los daños del paro en 11,8 billones de pesos, un poco más que el 1 por ciento del PIB. El Ministerio de Defensa, por su parte, divulgó un aterrador balance de las personas muertas y de los bienes vandalizados, incluyendo 21 civiles y dos policías fallecidos, así como 107 ambulancias y 447 establecimientos comerciales afectados. Fedesarrollo, además, calculó en 6 billones de pesos el costo económico del paro durante el mes de mayo, cuando la confianza de los consumidores cayó a su nivel más bajo en muchos años.

Fue impresionante la ruptura de numerosas y complejas cadenas de suministro de bienes por las cuales se mueven los productos desde su origen hasta sus compradores finales. Muchas empresas se vieron en la necesidad de suspender su producción o sus ventas por falta de materias primas o de empaques. El caso del transporte de carga hacia y desde los puertos fue aberrante. Bloquear la salida al exterior de los productos exportados –el café entre estos– hizo un daño inconmensurable a un sector y a la economía en su conjunto. Lo mismo que paralizar la entrada de bienes importados.

Saltó a la vista la importancia de un puerto como Buenaventura y de una región como el Valle del Cauca, en donde se localizan buena parte de la industria avícola, la papelera y la de los empaques de cartón, entre otras.

Atentar contra el bienestar social y generar tal destrucción de riqueza, en un país tan pobre como Colombia, no es ético y es imperdonable. Porque el fundamento de la ética es evitar hacer daño a nuestros semejantes.

* * * *
El impacto del paro sobre los indicadores económicos es preocupante. La expansión de la actividad productiva en el segundo trimestre del año se verá resentida, quiérase o no, después de que el primero superó los estimativos de los analistas y entramos en una senda de recuperación con posterioridad a la contracción de 2020. Ojalá se cumpla la proyección de un crecimiento entre 5 y 6 por ciento para el año completo.

Lo que suceda con la inflación es crucial. La variación anual del índice de precios al consumidor se ubicó mayo en 3,3 por ciento, y la mensual, en 1 por ciento, la más alta desde el mismo mes de 2012. Los precios de los alimentos, afectados por los bloqueos, aumentaron 5,37 por ciento en el mes en el país y 19,58 por ciento en Cali. La junta del Banco de la República estará seguramente alerta a la evolución de la inflación en los próximos meses para evitar que las expectativas se desborden y se golpee en mayor grado al 50 por ciento de la población colombiana que se encuentra en situación de pobreza.

A propósito de inflación: la propuesta de los políticos de todos los pelambres de recurrir al Banco de la República para financiar el gasto público sería la vía más segura para transitar de la destrucción a un caos irreversible.

La economía colombiana, de por sí frágil, quedó en cuidados intensivos.

CARLOS CABALLERO ARGÁEZ

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