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Controlar la inflación para defender la democracia

Controlar la inflación para defender la democracia

La democracia, la libertad y la propiedad están estrechamente relacionadas.

17 de diciembre 2021 , 08:00 p. m.

Hay una amenaza mundial a la democracia como sistema de gobierno. Es grande la insatisfacción de las gentes con la operación de la política y el comportamiento de los políticos. La decadencia de los partidos, la polarización, los autoritarismos y la desconfianza en las instituciones deterioraron su legitimidad.

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La democracia es mucho más que la libertad para elegir los cuerpos legislativos y a los gobernantes mediante el voto igualitario. Trasciende a un conjunto de derechos cruciales para los seres humanos: el derecho a la vida, a la salud, a la libertad de expresión, la libertad de asociación y la libertad de poseer, de adquirir propiedad. Así me lo recordaba hace unos días mi amiga politóloga Mónica Pachón, profesora de la Universidad de los Andes. Y añadía que, para que la democracia funcione a plenitud, es esencial controlar la inflación.

"El concepto amplio de propiedad, que incluye el derecho a la vida y a la libertad, además del derecho sobre los bienes, surgió en Inglaterra en el siglo XVII y fue reconocido en todo el mundo anglosajón en el siglo XVIII", escribe el intelectual Richard Pipes en su libro Propiedad y libertad (Fondo de Cultura Económica, 1999). La democracia, la libertad y la propiedad están estrechamente relacionadas. Para asegurarlas debe evitarse el desborde de los índices de precios. La inflación baja y estable les permite a los ciudadanos ahorrar y adquirir propiedad, particularmente vivienda, en un país como Colombia.

El alza del salario mínimo, con su indexación, llevará posiblemente a que la inflación del año que está por comenzar se reproduzca y, si nos va bien, a registrar otro 5 por ciento.

De ahí la importancia de la independencia y autonomía del Banco de la República en su misión de mantener baja la inflación. A la hora de la verdad, esa independencia es clave para que las gentes puedan tener vivienda propia. Yo no había percibido con tanta claridad la relación entre el control de la inflación y el funcionamiento del sistema democrático.

Entendía, sí, que una inflación que oscile alrededor de la meta de 3 por ciento anual en el mediano y largo plazo es lo que permite otorgar crédito hipotecario, por ejemplo, a 15, 20 o 30 años y, por consiguiente, financiar la compra de vivienda. Haber fijado esa meta, con posterioridad al colapso del sistema de ahorro en valor constante (el Upac), y mantenerla, fue una de las acciones sobresalientes de la junta directiva del Banco de la República en sus treinta años de existencia.

Populismo vs. estabilidad

Consideraciones políticas de corto plazo conducen a la pérdida del consenso social sobre la necesidad de una inflación baja. El espectáculo de esta semana de un presidente que propone elevar el salario mínimo en 10,07 por ciento –el doble de la inflación proyectada para el año– y logra la adhesión efusiva de sindicatos, gremios de la producción, y candidatos, confirma nuevamente que el populismo prima sobre la sensatez económica. Que ni la inflación futura, ni la precariedad de un mercado laboral dominado por la informalidad en el cual el 60 por ciento de los trabajadores ganan menos de un salario mínimo al mes ni el alto desempleo colombiano se tienen en cuenta para tomar una decisión tan importante.

La inflación terminará el año por encima de 5 por ciento, por la confluencia de varios factores. El alza del salario mínimo, con su indexación, llevará posiblemente a que la inflación del año que está por comenzar se reproduzca y, si nos va bien, a registrar otro 5 por ciento. La responsabilidad por el control de la inflación quedará entonces en manos de la junta del Banco de la República, que tendrá que actuar como el 'malo del paseo' y subir las tasas de interés más de lo proyectado. Ayer seguramente lo hizo. No tiene alternativa.

Es triste olvidar que el populismo es el principal enemigo de la estabilidad económica y de la democracia política.

CARLOS CABALLERO ARGÁEZ

(Lea todas las columnas de Carlos Caballero Argáez en EL TIEMPO, aquí)

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