Literatura con dos dedos de espuma

Literatura con dos dedos de espuma

El arte de la elaboración de cerveza está íntimamente ligado a la literatura desde sus orígenes.

30 de septiembre 2019 , 07:00 p.m.

Ha llegado el Oktoberfest y la cerveza se ha tomado el país, una novedad que parece haber llegado tarde a juzgar por la ingente cantidad de literatura cervecera en la historia universal. Desde las sagas nórdicas hasta la literatura beat de Bukowski, los escritores han encontrado en este dorado líquido su inspiración literaria.

La cerveza está de moda. Si bien antes el panorama cervecero nacional estaba dominado por unas pocas marcas y escasos estilos, ahora la perspectiva resulta más halagüeña. Parece imposible, a día de hoy, no toparnos en supermercados y tiendas especializadas con estanterías repletas de diferentes marcas de cerveza (internacionales o artesanales) y con un creciente público que ha encontrado en esta bebida el espíritu festivo y social que diferentes sociedades humanas han elogiado. La literatura, como espejo social de la humanidad, nos da pruebas de ello.

El arte de la elaboración de cerveza está íntimamente ligado a la literatura desde sus mismos orígenes. Tal es así que, incluso, el primer escrito de la humanidad conocido hasta la fecha, el Himno a Ninkasi, es de un poema religioso en el cual se narra en versos la receta ideal para la elaboración de cerveza, lo que demuestra una fabricación intencionada y a gran escala de este producto y revela el aprecio del pueblo sumerio por este líquido y su preocupación por mantener para la posteridad su manera ideal de preparación.

Aunque la presencia de la cerveza en la literatura universal es permanente, sin duda es durante la Edad Media cuando cobra un protagonismo especial en la producción literaria universal. La importancia de la cerveza durante el medioevo, testificada por la elevadísima presencia de esta bebida en las literaturas de diversos pueblos, estaba justificada ya que era percibida como un purificante del agua de ríos y lagos, abarrotados de aguas residuales y desechos de curtiembres. El consumo de agua era un peligro para las sociedades medievales, que encontraron en la cerveza una solución de higiene y alimentación. Muchos de ellos desconocían el poder de las levaduras, por lo que no es de extrañar que vieran en esta bebida un regalo de los dioses. San Arnoldo o la misma Hildegard von Bingen, famosa por su literatura mística, defendieron el consumo de cerveza para evitar los riesgos derivados del consumo de agua contaminada.

La caída del imperio romano y la expansión del cristianismo redujeron la cultura cervecera a zonas poco romanizadas debido a que el vino, símbolo de la sangre de Cristo, se veía como un síntoma de civilización mientras que la cerveza permanecía, al igual que hoy, relacionada a las culturas paganas germánicas. La literatura medieval escandinava es rica en menciones a la cultura cervecera. En textos como la Saga de Yngvar el viajero o la maravillosa Saga de los jefes del Valle del Lago no resulta difícil encontrar menciones tanto de la elaboración de cerveza como de su consumo en sociedad y de la mitificación religiosa ligada íntimamente a esta bebida.

En el Kalevala, texto nacional de Finlandia, encontramos la que sin duda es la más hermosa loa a la cerveza hecha en suelo europeo. En los famosos cantos XX y XXI de esta epopeya se encuentra no solo una de las recetas más detalladas para la producción de cerveza sino que también se narra su elaboración como un regalo divino y como un principio fundador del pueblo finés. La concepción de esta bebida como regalo de los seres superiores se traslada a otros pueblos, en donde encontramos el mito de Grimhildr de la mitología nórdica, en el que la cerveza cumple el papel de fortalecer, alimentar y ayudar a olvidar las penas, propiedades que, muchos siglos después, Dostoievski también resaltaría en Crimen y castigo.

El siglo XX vivió un renacer en el interés por la cerveza, como puede apreciarse en la literatura del siglo pasado. Si bien son varios los autores que convierten esta bebida en el personaje de sus obras, como Thompson o Grass, sin duda son Charles Bukowski y Carlos Salem quienes despiertan más admiración, especialmente en los jóvenes lectores que encuentran su literatura tan refrescante como una buena pinta de cerveza. El último gran escritor maldito nunca escondió su pasión por esta bebida fermentada, convirtiéndola en su musa y en uno de los protagonistas recurrentes de su obra. El argentino, por su parte, no encontró en la cerveza la inspiración literaria sino la literatura propia. Su obra (nocturna, de bar, humorística y realista) ha sentado las bases de la moderna cerveza ficción.

La cerveza y la literatura son inseparables. ¡A celebrarlo con un buen libro y una fría y espumosa cerveza! Prost.

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