García Lorca y la profecía de Mineápolis

García Lorca y la profecía de Mineápolis

El asesinato de George Floyd ha desatado en EE. UU. protestas que el poeta ya intuía hace 100 años.

04 de junio 2020 , 09:25 p.m.

En el año 1929, Federico García Lorca abandonaba su España natal para partir en un largo viaje que lo llevaría a Estados Unidos y a Cuba, lugares donde había sido invitado para ofrecer una serie de charlas y conferencias en distintas universidades y centros culturales. El poeta granadino, preocupado ya por la incipiente semilla del fascismo que florecía en Europa, arribó a suelo americano con la esperanza de alejarse de algunos problemas personales (como las malas críticas que había recibido su ‘Romancero gitano’ por parte de compañeros como Buñuel o Dalí) y de aprovechar la vida intelectual y social estadounidense para distanciarse de aquellas burlas a su obra y del caldeado ambiente español causado por la inminente caída de la dictadura de Primo de Rivera.

Durante poco menos de un año, García Lorca vivió en Nueva York, la capital simbólica del que ya se perfilaba como el gran imperio del siglo XX. La Gran Manzana impactó positiva y profundamente al joven poeta, en primera instancia, por su agitada vida cultural y por la frenética actividad de la urbe. Si bien en un primer momento el andaluz se mostraba entusiasmado por el progreso que parecía vislumbrarse en cualquier esquina de la urbe, García Lorca no tardó en percatarse de que el milagro del capitalismo no era más que un espejismo.

En Nueva York, la capital financiera del mundo, el poeta fue testigo en primera línea del crac del 29 y de la peor crisis económica de la historia, hasta ahora. La Gran Depresión le enseñó a Lorca el peor rostro de la sociedad estadounidense, una faceta que se fijaría a fuego en el poeta y que plasmaría en una de sus obras más representativas: ‘Poeta en Nueva York’, toda una obra de arte del surrealismo y, sin duda, uno de los textos más representativos de la Generación del 27.

García Lorca dedica un apartado especial de este poemario a la comunidad negra de la ciudad de Nueva York, por la que sentía un gran afecto luego de presenciar las miserables condiciones de vivienda, salubridad y explotación laboral de los afroamericanos en suelo estadounidense. El barrio de Harlem, donde se hacinaban las poblaciones negras de la ciudad, se convirtió en una de las principales influencias del poemario ya que fue el escenario en el cual el granadino fue testigo de la precariedad humana a la que eran sometidas las familias negras y el estoicismo con el que afrontaban una vida de explotación, segregación y maltratos causados por la deshumanización e industrialización de un falso progreso que solo beneficia a unos pocos.

En ‘Los negros’, García Lorca resalta la injusticia a la que eran sometidos los descendientes de África e invita a las comunidades negras y a los oprimidos del mundo a reivindicar los derechos innatos del ser humano y revelarse contra el poder para recuperar la dignidad que les había sido robada. Aún hoy hay quienes se empeñan en llamar incendiario un simple llamado a la justicia.

El 25 de mayo de 2020, casi 90 años después de que el poeta español abandonara el suelo estadounidense, el afroamericano George Floyd fue asesinado por la policía en la ciudad de Mineápolis en un acto más de intolerancia y racismo en un país que se enorgullece de ser llamado el ‘Crisol de las culturas’. Este hecho ha desatado una ola de indignación, de injustificable vandalismo y de cuestionables cargas policiales, mientras los responsables se esconden tras las luces apagadas y buscan cargar el peso de otra crisis económica de nuevo a hombros de los más oprimidos.

Con ‘Poeta en Nueva York’, García Lorca parece haber vislumbrado los conflictos que casi un siglo después sacuden el país que inspiró uno de sus trabajos más relevantes. Aunque a Federico le atribuían poderes proféticos, y hay incluso quien afirma que el poeta predijo su propio asesinato y la infructuosa pero incansable búsqueda de su cuerpo, las semejanzas entre su obra y la actualidad parecen más una consecuencia de la inhumanidad del sistema y de lo poco que han cambiado las cosas, aunque el desarrollo y la tecnología intenten convencernos de lo contrario.

No hay mejor momento que el ahora para dejar de acuchillar libros convirtiéndolos en menaje de cocina. La cultura y la sabiduría deben volver a ser el estandarte del progreso humano para que las cosas finalmente cambien y podamos dejar atrás el veneno del racismo, la xenofobia, la segregación y la salvaje intolerancia que parecen haber vuelto. Solo así avanzaremos como especie y sociedad a la par del desarrollo tecnológico: “¡Ay, Harlem! ¡Ay, Harlem! ¡Hay Harlem! / No hay angustia comparable a tus rojos oprimidos, / a tu sangre estremecida dentro del eclipse oscuro, / a tu violencia granate sordomuda en la penumbra, / a tu gran rey prisionero con un traje de conserje”.

Camilo Goelkel

Empodera tu conocimiento

CREA UNA CUENTA


¿Ya tienes cuenta? INGRESA

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.