El mundo cabe en una librería

El mundo cabe en una librería

La crisis del mundo del libro afecta a las valientes librerías locales que desaparecen diariamente.

29 de agosto 2019 , 07:00 p.m.

No hay nada más valiente, y difícil, que nadar contra la corriente y, como Alonso Quijano, perseguir un ideal que en la actualidad parece ilusorio. Eso son precisamente las librerías del mundo moderno: el desvarío romántico de unos pocos. Y es que nadie dedica su vida a los libros para hacerse rico, lo hace por amor. Lewis Buzbee resalta que las librerías, aunque sean empresas privadas, cumplen una labor pública a la que nos hemos acostumbrado. La pérdida de esa función cultural es precisamente el motivo por el cual es tan triste ver desaparecer una pequeña librería o cómo otras sobreviven gracias a los esfuerzos titánicos de sus dueños y la fidelidad de unos escasos parroquianos.

En el mundo entero, las librerías están en vías de extinción, y corremos el riesgo de perder verdaderos monumentos urbanos para no recuperarlos jamás. Estos ‘tesoros librescos’ son paradas obligadas para cualquier turista que visita una ciudad o que se atreve a descubrir la suya propia. Ese es el caso del célebre Ateneo Grand Splendid en Buenos Aires, sin duda una de las librerías más espectaculares del planeta, gracias a estar emplazada en un antiguo y hermoso teatro que conserva su arquitectura y decoración original, lo que le ha valido cientos de menciones como una de las tiendas de libros más hermosas del mundo.

Algo similar ocurre con la mítica Shakespeare & Co. de París, que se ha ganado a pulso el papel de parada obligatoria para cualquier turista de la capital francesa. Esta antigua librería se convirtió en el centro de encuentro de la intelectualidad anglosajona de principios del siglo XX en la ciudad, al punto de inspirar ‘París era una fiesta’, de Hemingway, y cumplir un papel fundamental en la primera edición de ‘Ulises’, de Joyce. En la actualidad, esta librería es un centro de peregrinaje para cualquier bibliófilo, que puede, incluso, pasar las noches en el establecimiento a cambio de unas horas de trabajo.

Portugal, por su parte, puede presumir de tener la librería más antigua del mundo, según el Guinness de los récords. Fundada en 1732, la Livraria Bertrand se emplaza en el centro de Lisboa, donde ha sobrevivido por casi tres siglos. Oporto tampoco se queda atrás. La segunda ciudad lusitana hace gala de la Livraria Lello, una de las más turísticas del mundo, gracias a que su belleza inspiró a J. K. Rowling para la creación de las diferentes librerías del mundo de Harry Potter.

Al menos una vez en la vida hay que visitar La Central de Callao en Madrid. En el centro de la capital española se encuentra esta magnífica librería, ubicada en un antiguo palacio urbano que aún conserva su arquitectura original. Este establecimiento alberga más de 70.000 títulos de lo más interesantes e impensables. Sin duda, un lugar donde pasar horas recorriendo sus estanterías, disfrutando las hermosas pinturas de sus techos y, por qué no, encontrar ese libro desconocido pero a la vez tan necesario.

Pero no todo es belleza en el mundo de las librerías. Una mención especial merecen librerías como la icónica Miraguano, uno de los tesoros ocultos madrileños que resiste, cual barricada, las embestidas de la modernidad y de las grandes cadenas. Su labor, como librería y sello editorial, es simplemente envidiable.

En nuestro país, el panorama no es diferente. La crisis alcanza las librerías colombianas. Pero lejos de los grandes espacios, como la Librería Nacional o la Librería Lerner, existen pequeños lugares de culto, ubicados en los lugares más inesperados. Ese es el caso de la Librería Merlín, en el callejón de los libreros de Bogotá: una casona invadida por libros de segunda mano y de todas las temáticas. Quien ingrese a este espacio y se deje guiar por sus vendedores, conocedores de cada milímetro de la tienda, y por el instinto del bibliófilo saldrá de allí con un gran sabor de boca y un nuevo tesoro en las manos.

En la era preinternet, las bibliotecas y librerías eran el arca común del conocimiento universal. Funcionando como crisol de la humanidad, allí se encontraba todo lo que somos como especie y se presentaba como una verdadera ventana al mundo. Cada librería que se cierra se lleva consigo una parte del vigor cultural de una sociedad, y una sociedad sin cultura puede progresar, pero, como sociedad, ya está muerta.

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