‘Coronalibros’

‘Coronalibros’

La crisis amenaza la economía mundial y se ensaña con los más débiles, como el mundo del libro.

20 de marzo 2020 , 07:29 p.m.

El mundo afronta la crisis del covid-19, y mientras los distintos sistemas sanitarios del planeta se enfrentan a la pandemia, las autoridades alertan de una desaceleración económica que inexorablemente derivará en una futura crisis que desde ya recuerda los peores momentos de la Gran Recesión o a la crisis del 2008. Debido al confinamiento masivo que se vive en gran parte de Asia y Europa, y que parece acechar al continente americano, los mercados no cesan de dar señales de malestar mientras los comercios se preparan para lo peor. Sin duda, esta crisis nos afectará a todos, golpeando con especial virulencia a los más débiles, como es el caso del mundo del libro.

Las pequeñas librerías son otra de las víctimas invisibles de la pandemia. Estos pequeños comercios culturales enfrentan en silencio un nuevo golpe que puede ser catastrófico para muchos. En España, por ejemplo, mientras la población se agolpaba en los supermercados para hacer acopio de alimentos antes de la reclusión decretada por el Gobierno, las librerías echaban el cerrojo sin saber, a ciencia cierta, el día en que podrían abrir de nuevo. A este cese total de actividades (y ganancias) se suma el aplazamiento, hasta el mes de octubre, de la Feria del Libro de Madrid y la más que probable cancelación de las actividades programadas para el 23 de abril, así como la celebración de la Feria del Libro Antiguo, cita primaveral obligada para todos los amantes de los libros en España. Estas medidas suponen pérdidas, y, según el propio gremio de libreros, estos son eventos indispensables ya que significan el 30 por ciento de la facturación anual de muchas librerías.

El sector del libro necesita ayudas gubernamentales que probablemente tardarán en llegar y serán insuficientes para paliar los efectos del cierre forzado en un gremio tristemente acostumbrado a sobrevivir. Aunque el panorama parece devastador, no todo está perdido, y sin duda se necesita más que está crisis para acabar con el mundo de la palabra impresa. Buena muestra de ello se ha podido ver en las calles españolas cuando, clausurados casi la totalidad de los establecimientos culturales y a pocas horas de la cuarentena decretada, las librerías aún recibían a un buen número de parroquianos que se acercaban para hacer acopio de libros y enfrentar de la mejor manera la reclusión en la que se ha sumido todo el país.

Sin duda esta es una decisión acertada. No solo se trata de acumular alimentos, sino también todos los elementos indispensables, y los libros son siempre un buen refugio en tiempos difíciles. La lectura es una de las mejores armas contra el ocio y el aburrimiento al que sin duda se tendrán que enfrentar quienes deben permanecer en sus casas por tiempo ilimitado, y solo los mejor preparados sabrán cómo sortearlo. Lectura frente al confinamiento podría ser el lema de quienes acudieron a las librerías pensando en convertir la reclusión en recogimiento.

Este particular fenómeno demuestra el músculo de la sociedad lectora y la fortaleza del mundo del libro aun en tiempos de crisis y del cada vez más presente mundo virtual, al igual que supone una bocanada de aire para muchas de las librerías que se preparan para lo que viene. Algunos de estos pequeños establecimientos no podrán soportar una nueva crisis del sector, y el coronavirus se cobraría así una víctima más.

Son tiempos duros para todos, y los expertos (sanitarios, económicos, universitarios y culturales) coinciden: lo peor aún está por venir. Sin duda, la pandemia del coronavirus terminará en algún momento y quienes han sufrido el aislamiento saldrán de nuevo a las calles a llenar bares y restaurantes para celebrar el triunfo de la vida frente al caos. Muchos volveremos, también, a recorrer esas paredes pobladas por las más bellas historias para saciar nuestras ansias de lectura. Muchos otros, sin lugar a dudas, descubrirán durante esta cuarentena el placer de una tarde de lectura y se engancharán a este encanto, convirtiéndose en nuevos visitantes asiduos de tiendas de libros. No todo está perdido y el mundo del libro y las librerías saldrá reforzado de esta nueva crisis. Así lo ha demostrado durante años y está vez no será la excepción.

Camilo Goelkel

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