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Pensar lo impensable

Pensar lo impensable

No hay duda de que el gran problema es la liquidez de las personas, los Estados y las empresas.

29 de marzo 2020 , 03:21 a. m.

Estamos viviendo una situación totalmente impensable. Hace tres meses nadie se hubiera imaginado que los países cerraran sus fronteras, los hoteles y restaurantes no funcionaran y mucho menos que el 90 por ciento de la población se mantuviera encerrada en sus casas, con una sociedad amenazada por una enfermedad que no somos capaces de controlar, y con una economía totalmente en riesgo también.

Si esta situación se mantuviera, una buena parte de los logros económicos de los siglos XX y XXI se pueden perder, los niveles de desempleo aumentarán, la capacidad de las instituciones para financiar salud y educación universal se podría ver comprometida, y el tejido empresarial que ha jugado un papel primordial en la construcción de desarrollo y generación de empleo masivo podría verse gravemente afectado.

Desde lo económico, no estoy diciendo que la salud no sea la primera prioridad, lo es, pero no podemos ignorar lo que se nos viene por delante. Es primordial en este momento defender el empleo, el ingreso de las familias, el desarrollo social, las estructuras económicas que los soportan, las capacidades y la lucha contra la pobreza.

Las herramientas incluidas en la caja que les entregan a los economistas cuando salen al mundo a ejercer, parecen no ser suficientes para enfrentar una situación como la actual. La ortodoxia, que en muchos casos ha sido receta para mantener crecimientos y reputación de seriedad, hasta ahora, no parece ser el camino. Entre otras razones, porque el rasero con que se compararán las economías entre sí cambiará también.

Hay entonces que pensar distinto, hay que pensar lo impensable hasta hace unas semanas. Tenemos el reto de no ser la generación que por estar apegada a unos libros inaplicables dejó hundir el mundo y a su sociedad, dejó perder sus avances económicos y sociales más importantes. Ahora es cuando necesitamos mentes pensando en cosas nuevas, no repitiendo recetas. Aclaro que estas ideas no son mías solamente, son el resultado de muchas conversaciones.

No hay duda de que el gran problema de esta época es la liquidez de las personas, la de los Estados y la de las empresas. Con esto cierto, pensemos en las personas primero. ¿Cómo darle liquidez a la cantidad de personas que la han perdido? Hay que ser ordenados, tenemos que priorizar a quienes no están teniendo literalmente recursos para subsistir. Esto lo ha entendido el Gobierno y ha fortalecido programas como Familias en Acción, Jóvenes en Acción y los programas para el adulto mayor. El tema es que hay una cantidad de nuevos vulnerables, todos los que trabajaban y hoy no lo hacen. Será necesario apoyarlos a ellos también. ¿Cómo? Con la solidaridad de todos, sí, pero primordialmente con recursos del presupuesto nacional. Hay que volcar el presupuesto a las transferencias monetarias, al menos durante la crisis. ¿Cómo? Sin agüero, como decimos en el Caribe, incluso generando nuevo déficit. La gente debe ser la prioridad. Ya cuadraremos las cuentas.

Luego está la liquidez de las empresas, que son los vehículos para generar empleo e ingresos para millones de familias. Es muy valioso el esfuerzo del Gobierno a través del Fondo de Garantías. Pero es imperante, además, liberar caja en las compañías para que puedan mantener el empleo. Una buena parte de la caja comprometida hoy tiene que ver con servicio de la deuda. Se puede pensar en hacer un programa masivo, ojalá automático, que permita a las empresas que lo requieran posponer todos los pagos de servicio de deuda un año. Permitiendo que la Superintendencia no obligue a provisionar esa reprogramación y que el Banco de la República esté listo para proveerle liquidez al sector financiero. Para el sector financiero es mejor dejar los recursos colocados en buenos clientes que recibirlos hoy. Esto liberaría recursos necesarios para atender la necesidad primordial, la gente. Por la vía de apoyar la viabilidad del aparato productivo, que finalmente será quien tendrá que pagar los créditos.

Tenemos que reaprender a pensar. Y poner a disposición nuestra mejor versión para lo que afrontamos como humanidad.

BRUCE MAC MASTER
Presidente de la Andi

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