Falacias de la reforma tributaria Duque-Carrasquilla-Ocde

Falacias de la reforma tributaria Duque-Carrasquilla-Ocde

Como la “canasta esencial” quedará exenta, se aprovechó para desmontar la devolución a los pobres.

23 de noviembre 2018 , 08:05 p.m.

No hay programa fiscal más debatido que la ley de financiamiento de 2018. Economistas de disímiles tendencias hacen glosas –algunas expuestas aquí– cuya sumatoria bastaría para tumbarla ipso facto. Sin embargo, aparte de ir tachando artículos, vale referirse a las falacias que la sustentan.

‘La desigualdad está en el consumo’. Afectar con IVA –según las últimas noticias– algunos productos más de la canasta básica, pero excluyendo la recién denominada ‘canasta esencial’, se ha sustentado en eliminar ‘subsidios a los ricos’. Se omite así que la desigualdad tiene verdaderas raíces en el incremento de la tasa de rendimiento del capital (intereses, dividendos, tierra) por encima del crecimiento del ingreso general (Piketty). Sucede en Colombia, donde este último creció 2 % y 1,8 % en 2016 y 2017; mientras que la intermediación financiera lo hizo al 11,1 % y 6,7 %, respectivamente, y los dividendos distribuidos por grandes firmas al 12 % y 7 %. No es en el consumo donde se corrige una de las peores iniquidades del mundo.

‘El IVA puede ser progresivo al devolverlo a los más pobres’. Como lo que quedará exento –acorde con lo que se está diciendo– es lo que llaman ‘canasta esencial’, se aprovechó para desmontar la tan alabada devolución a los pobres por $ 2,5 billones. Aun si esta se hubiere mantenido, la desigualdad entre ‘clases medias’ y altas perduraría, pues, para cubrir los impuestos de lo gravado, las primeras dedican mucho más proporción de su ingreso que las segundas. Quedó pendiente el experimento del IVA ‘progresivo’, la cuadratura del círculo.

‘La progresividad en imporrenta personal depende del ‘potencial fiscal’ de la clase media’. Se resalta no solo que los asalariados de nivel medio incluyan en la renta gravable hasta las cesantías, contando con menores exenciones, sino también que la tarifa de renta a ingresos mensuales mayores de $ 35 millones, declarados los ‘más ricos’, sea 38 %. Dejan escondidos tras ellos a multimillonarios como los del 0,01 % de la cúpula con patrimonios afuera, incluso en Panamá, todavía paraíso fiscal, donde hay uno de cada cinco dólares en el exterior, o al 1 % que capta 20 % del ingreso nacional: 115.000 hogares con $ 1.900 millones de ingreso promedio al año, desechando tarifas marginales superiores, cuando hay países donde alcanza hasta 61 %. Se favorece el capital sobre el trabajo.

‘Competitividad requiere bajos impuestos’.
La confianza inversionista se funda en menos carga impositiva. El costo fiscal de los beneficios tributarios empresariales otorgados, en especial al capital extranjero, suma desde 2000 más de $ 150 billones, y la tarifa efectiva (TET) de renta promedio para todos los sectores fue del 17 %. Aun así, no trajo extraordinaria inversión productiva, cuyo monto promedio entre 2010 y 2017 fue del 22 % del PIB, debajo del 30 % como los países de ingreso medio-alto y en el puesto 35 entre 87 estudiados. La reforma Duque-Carrasquilla se obstina en reducir la tarifa nominal –y la efectiva–, en crear nuevos regalos (fondos privados, ‘naranja’, hoteles y megainversiones) y en prorrogar los insólitos contratos de estabilidad jurídica.

‘Ingreso disponible y productividad no se relacionan’.
A contramano, se desprecia la demanda de los hogares, prescindiendo de que, en tanto crezca, aumentaría la acumulación de las empresas y con ella la inversión y el empleo. Los bajos salarios e impuestos regresivos ubican a Colombia con un ingreso por habitante (PPP-2017) de 13.254 dólares, en el puesto 85 entre 180 países, debajo del promedio mundial de 19.182. La reforma Duque-Carrasquilla restringe más la capacidad adquisitiva social en la línea vigente desde hace 25 años.

‘Las empresas son iguales’.
Se justifican tarifas inferiores de renta corporativa refiriéndose a las pymes, pero desconociendo que el coeficiente de Gini de las utilidades empresariales es 0,80 e igual pasa con la propiedad de activos. Encubrir tras un taller de confección a corporaciones multinacionales o poderosos grupos económicos, que en la relación combinada con los dividendos no tocados con el rigor necesario ganarían más, es burlar la progresividad.

‘Se financiarán programas sociales’. Las proyecciones para 2020 estiman que los $14,2 billones agregados –que se recaudarían entre IVA e impuesto de renta a personas naturales– se destinarán en gran medida a financiar devoluciones y descuentos en IVA por maquinaria, en 4 x 1.000 y en industria y comercio a las empresas. Para 2021 y 2022 dichas ventajas incluso superarían el recaudo adicional. ¿Dónde está la inversión social?

‘La reforma es creación nativa’. No. La Ocde prescribe y defiende un esquema promedio donde la renta de las personas jurídicas (corporaciones) sea solo 9 % del recaudo; la de personas naturales, 24 %; los impuestos al consumo (IVA, etc.), 33 %. Y los del patrimonio, 8 %. En países como Colombia propende a la prevalencia de la correspondiente proporción, tal como lo ha exigido la Andi. La Ocde es el inspirador verdadero de la reforma.

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