El ‘fracking’ puede quebrar a Ecopetrol

El ‘fracking’ puede quebrar a Ecopetrol

Ante estas contingencias, es evidente el riesgo económico para la compañía.

06 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

La Comisión de Expertos sobre Fracking –de miembros con opiniones disímiles– dio dos años para fortalecer la capacidad institucional, generar información hidrogeológica y ecosistémica, identificar y compensar pasivos ambientales y gestionar la licencia social. Poco dijo sobre aspectos económicos porque asumió tácitamente el discurso oficial: “Que tendremos petróleo y gas por décadas”; “que regalías y el producido cambiarán el país” y que, de no hacerse, el dólar llegaría a “4.500 o 5.000 pesos”.

El inventario mundial hecho por la Administración de Información de Energía (AIE) en 2015 sobre recursos en esquisto bituminoso registra 7.576 billones (miles de millones) de pies cúbicos de gas y 418.000 millones de barriles de petróleo. De estos, los de Colombia son secundarios: 54,7 billones de pies cúbicos, 0,72 por ciento del total en gas y 6.800 millones de barriles, 1,62 por ciento en crudo. Igualmente, la AIE ha estimado el factor de éxito para la explotación de las tres cuencas localizadas en Colombia: en el Magdalena Medio es de 56 por ciento; en los Llanos, de 25 por ciento, y en la de Maracaibo, de 35 por ciento. Dicho factor –combinando eficiencia productiva con prospectiva potencial del área– es de 34 por ciento en promedio internacional. Esto es, las reservas reales se vuelven un tercio de los recursos enunciados.

Las cuentas se desinflan más al abordar la relación costo-beneficio económico del fracking. El referente es Estados Unidos, primer productor en dicha modalidad, que extrae 7 de 11,6 millones de barriles diarios (AIE), y en cuyas principales cuencas, Permian, Bakken y Eagle Ford, el punto de equilibrio para nuevos pozos está entre 48 y 54 dólares por barril (Fed-Dallas, 2019).

El Consejo de Estado debería considerar estos elementos, que, agregados a los ambientales y sociales, arrojarían, dentro de la economía ecológica, una contabilidad integral negativa

Que el precio se mantenga en dichos niveles es determinante para cuadrar el balance. Hay diversas teorías sobre cómo se establecen las cotizaciones de los bienes básicos, como la de Reinhart (2016), que las liga a ciclos recurrentes de auge y caída sincronizados con los flujos globales de capital; otras que las vinculan a la tasa de los bonos Fed o a factores indirectos (NBER, Alquist, 2018) y otras, a la especulación con los precios futuros, como fue entre 2004 y 2006, con un 10 por ciento de más o un porcentaje igual a la baja entre 2008 y 2009 (Fed San Luis, 2012). García (et al., nov. de 2018) concluye que “los precios no explican la extracción”, por lo cual la volatilidad, que en los últimos 70 años ha oscilado en un rango en dólares (ajustados por inflación) entre 2 y 140, es característica. El derrumbe de los precios en octubre de 2014, por ejemplo, causó que de 1.609 taladros en petróleo que había en Estados Unidos se cayera a 713 en octubre de 2019 (www.aogr.com).

Esto concuerda con 199 bancarrotas en los últimos cuatro años por 108.856 millones de dólares de firmas de petróleo y gas (Haynes-Boone) que incumplieron obligaciones bancarias de las que dependen, porque el fracking conlleva excesivos costos de capital al tener menor ciclo de vida y extraerse alrededor del 45 por ciento del pozo en apenas tres años. Tales erogaciones crecieron anualmente 11 por ciento (García, op. cit.) porque las compañías gastaron 1,8 dólar por cada uno de ingreso, ya que “el costo de extracción crece más que los precios de mercado” (García, op. cit.).

Por esto se afirma que “mientras el sector financiero asigne fondos, el negocio continuará”, pese a estar altamente subsidiado. De hecho, a 50 dólares por barril, se calcula que los subsidios aumentan la tasa interna de retorno ​​de los proyectos en Norteamérica entre 2 y 6 por ciento, y sin ellos no se aseguran desarrollos de volúmenes de petróleo en Permian, en Williston y el golfo de México. Se otorgan doce grandes subvenciones, entre deducciones, ingresos no constitutivos de renta e importes en seguros o transporte a cargo del Estado (SEI, 2017).

En el contexto global, el fracking en Colombia es accesorio en el mundo y en un mercado en el que, según el FMI (2019), “la demanda está llegando al pico máximo”; en pequeña escala, con costos marginales mayores, incluso más que en Estados Unidos, y en la explotación convencional, sujeto a la incertidumbre en los precios; con cargas financieras crecientes por la mayor intensidad en capital y con menores subsidios comparados.

Ante estas contingencias, es evidente el riesgo económico para Ecopetrol, no obstante sus crecientes ganancias, al embarcarse en un fracking con factibilidad aleatoria –en el que el capital financiero se lleva la parte del león– y elevar inevitablemente su punto de equilibrio, hoy en 32 dólares por barril. El Consejo de Estado debería considerar estos elementos, que, agregados a los ambientales y sociales, arrojarían, dentro de la economía ecológica, una contabilidad integral negativa.

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