Una especie llamada bogotanos

Una especie llamada bogotanos

Son unos extraños caribes a 2.600 metros del mar.

09 de agosto 2019 , 08:43 p.m.

Los bogotanos cada día nos parecemos más a nosotros mismos. Participo en un proyecto mundial de ciudades imaginadas, y entre las capitales regionales, Bogotá suele aparecer con el mayor déficit de imagen: nuestros informantes rápidamente representan con figuras y epítetos a Buenos Aires, Ciudad de México o Lima, pero se traban con Bogotá; suelen evocarla como al país, guerrillas y narcos, o le trasladan atributos del Caribe como la cumbia o el vallenato, o vendrían a visitarla en bermudas y sandalias.

Cuando colegas de la Fundación Tapies, uno de nuestros soportes, la visitaron, no podían creer que estaban al frente de la ciudad occidental más grande de ladrillo, de cerros majestuosos de ciudad fría y andina; e, incluso, al ver a mi amiga de ojos azules, pelo rubio y rostro indígena, sucumbieron ante su belleza y originalidad étnica. Luego del impacto catalán, la revista francesa La Vie des Idées me pidió un escrito; concluí nombrando a Bogotá como el mayor secreto guardado de América Latina.

Atrás quedó el gris del cachaco elitista, pues los ‘originarios’ no pasamos de un modesto 10 por ciento

Bogotá Cómo Vamos es uno de los buenos aportes a esta urbe que se resiste a conocerse. En su última edición (2018) hace un retrato que ayuda a delinearla. En la vida cultural, tal vez su mayor fuerte, todos los indicadores subieron con Peñalosa: cine, libros, música, museos o deportes; en transportes, 9 % lo hace en cicla y a pie, el 7 %; aumenta el consumo digital, el 92 % usa Facebook; la TV es su medio predilecto; les incumben el espacio público y el medioambiente y se sienten más seguros en sus barrios y casas. Dos lunares: transporte, pero creen que al fin llega el verdadero metro, que dará otra cara, y queda la inseguridad como el peor interrogante del futuro.

Entonces se ha dibujado un perfil: los bogotanos son unos extraños caribes a 2.600 metros del mar, caminan mucho, aman la ciclovía; domina la clase media, aumenta su autoconciencia ciudadana; miran a todos lados por si alguien viene a robarlos, no creen que llueva (botan el paraguas cuando lo sacan); atrás quedó el gris del cachaco elitista, pues los ‘originarios’ no pasamos de un modesto 10 por ciento, mientras convivimos con un 5 por ciento de venezolanos; se convierte en ciudad turística y, a pesar de volverse gourmet, la diosa de sus platos, en restaurantes y en la calle, son las empanadas... bogotanas..., las mismas féminas combativas y deliciosas, las que han logrado las mayores discusiones y manifestaciones sobre su espacio público.


ciudadesimaginadas@gmail.com

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