Un beso, un grito

Un beso, un grito

La homosexualidad como transgresión en una nación cristiana y pacata.

01 de noviembre 2019 , 07:01 p.m.

La imagen de Claudia Nayibe López dándose un beso apasionado con su compañera puede ser la foto del año. Quien besaba no era una mujer cualquiera reivindicando un derecho al amor en un parque solitario, sino una investida de la autoridad de nueva alcaldesa de una ciudad de 7 millones de habitantes, importante, como la que más en la región, en su producción cultural, quien así se mostraba ante los medios masivos. Sea o no una foto espontánea, el mensaje queda claro: Bogotá (ahora) es la otra.

Ningún otro de los candidatos en contienda iba a causar el revuelo de la triunfadora. Bogotá amaneció alerta y sus ciudadanos, llenos de intrigas. Se notaba a leguas que no era un sencillo cambio de burocracia, como hubiese pasado si ganaba el segundo en votación. Acababa de ocurrir un sacudón que ponía la ciudad en otra perspectiva. El grito de la elegida celebrando con la mano alzada, ¡Vivan las Nayibes!, traía una nueva sonoridad, un nombre extraño, aprendido quizá de un filme o una telenovela extranjera adaptado por una familia para su hija. Se dirigía a las mujeres como ella, la gran mayoría nacional en su condición social, de origen campesino, jefas de hogar, luchadoras, estudiadas, que al fin salían a la superficie para hacer que la nueva realidad funcione como poder. Pero, de otro lado, el beso nos anunciaba algo más: la homosexualidad como transgresión en una nación cristiana y pacata. No era esta la coreografía del llamado mamertismo, más bien machista y maltratador, como lo era otro de los candidatos.

La homosexualidad consiste en una situación de vida, un arte de vivir a través del cual los individuos transforman sus modos de existencia y finalmente se transforman a sí mismos, lo que da un nivel de espiritualidad. Lésbicas, trans o queer deben volverse a hacer respecto a la sociedad ‘establecida’, y eso constituye un esfuerzo de mirar al otro paro verse a sí. Son esos escenarios de los otros... los que está pidiendo el mundo convulsionado de las calles, que ha descubierto que con las retóricas anti-imperialistas y populistas no se cambia el mundo, sino que ello se hace desde adentro. El triunfo de las Nayibes ya nos sirve de contención de las movilizaciones del sur del continente contra las élites eternas en el poder. Y aún más, se dibujó la nueva marca de Bogotá: la Bogotá diversa que logra hacer emerger una bomba de nuevos símbolos renovadores asociados a su urbe.

ciudadesimaginadas@gmail.com

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