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Terror y arte: 11-S

Terror y arte: 11-S

Era la primera vez que entraba el fotoperiodismo a un recinto de arte.

10 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Apenas habían pasado 10 días cuando aterricé en Nueva York. Me esperaba el director de la Documenta 11, el célebre encuentro de arte contemporáneo que se realiza cada 5 años en Kassel (Alemania), y a la que estaba invitado por el proyecto continental de imaginarios y percepciones colectivas. Al saludar a Okui Enwezor, su curador, neoyorquino nacido en Lagos, se dio un choque de manos como un aplauso frío, y me invitó a sentarme. “Bien, Silva, aún existimos”, y continuó: “Esta catástrofe también es un hecho de arte”. De seguro en otro marco al del compositor Stockhausen, quien llegó a decir que el ataque a N. Y. era “la mayor obra de arte de todos los tiempos”.

Cuando quedé libre, me fui al Museo de Arte Moderno; extraño, quería de alguna forma respirarlo, quizá buscando algo de redención; compré una libreta para consignar mis experiencias del viaje. Enseguida me lancé hacia mi objetivo, el hueco dejado por las Torres Gemelas luego del feroz asalto. Unos carritos, como de esos para recorrer Marte, daban vueltas buscando señales de los escombros; me impresionó el olor que salía, entre gasolina quemada y humanidad ardiendo. Me quedé ahí paralizado y luego caminé por Liberty; quería ver esta calle que algunos noticieros mostraron mil veces luego de que la torre sur se desplomó y formó una nube de polvo colosal con cara de monstruo (como la captó un fotógrafo) que avanzaba tragándose a personas, carros, objetos. El silencio dominaba todo. Una pareja de ancianos me detuvo para agradecerme por creer en su ciudad al ver mi bolsa con el logo MOMA. Llegué a Orwaster Bakery, adonde solía comer con quien había sido mi novia años atrás, una judía neoyorquina que no podía sacarme de la cabeza.

En junio del 2002, cuando abrió Documenta vi que Okui (q. e. p. d.) había cumplido y dentro de la exhibición (por Colombia, Doris Salcedo) estaba una conmovedora colección de fotos que incluía algunas víctimas saltando al vacío, eligieron el vértigo del salto mortal antes que la asfixia, y varios documentos periodísticos. Era la primera vez que entraba el fotoperiodismo a un recinto de arte. Varios críticos coinciden en que Documenta 11 tuvo una relación profunda con el 11-S y que fue uno de los eventos más radicalmente concebidos en la historia de la práctica del arte poscolonial. En un catálogo se lee que los estudios de imaginarios nacidos en el margen, en Colombia, eran el comienzo de una psicogeografía urbana poscolonial.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

(Lea todas las columnas de Armando Silva en EL TIEMPO, aquí)

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