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¿Qué nos puede hacer el arte?

¿Qué nos puede hacer el arte?

Los conciertos 'on line', multiplicados en pandemia, muestran la necesidad del arte para sobrevivir.

La idea griega de que el arte produce catarsis, entendida como purificación del sujeto al disfrutar una obra, en especial la proveniente del drama, ha merecido varias interpretaciones tanto en el psicoanálisis como en la psicología e, incluso, en la moderna neurociencia con la teoría de las neuronas espejo, modos de identificación social desde el cerebro que nos permiten vivir las acciones de otro como propias. Si toda la pandemia de covid-19 fuese entendida como una tragedia moderna del ser humano, podríamos preguntarnos: ¿qué puede hacernos el arte ante ese episodio conmovedor?

Los niños empiezan a ser enviados a sus colegios con muchos temores, los adultos siguen en estado de alerta, y recibimos todo tipo de consignas para no entrar en el tercer pico, que sería, dicen, aún más fuerte; los gobiernos cumplen la misión de conseguir y distribuir las vacunas, el mejor instrumento para salvarnos del mal que acecha, pero son procesos demorados. Las sociedades, entonces, se van sintiendo desamparadas, pasa el tiempo y seguimos repitiendo el deseo de que ‘esto termine’. El reciente libro de Pierre Lemarquiz sobre arte y salud se inicia con esta sentencia propia a las reflexiones dichas... ¿y si el arte realmente pudiera ayudarnos a vivir mejor y más tiempo?

Me pregunto esto: ¿podrían los gobiernos, los medios, museos, salas de música, cinemas abrir sus puertas (¡cómo no!) e intensificar el arte para la ciudadanía posencierro? No se trata de algún tipo de arteterapia organizada, sino de darse las condiciones para disfrutar y vivir el arte en público. Sabemos que pacientes con alzhéimer logran reactivaciones de su memoria cuando escuchan sus melodías; en Montreal están enviando a pacientes alterados a que “visiten exposiciones de arte” en una extraña pero novedosa alianza ente museos y curación: ¿sentarse a mirar la Mona Lisa cura?; el arte callejero, de grandes murales con los que han recibido la pospandemia algunas ciudades (São Paulo), comprueba que los ciudadanos salen a disfrutarlos, alentándose a caminar sus calles; los conciertos on line, multiplicados durante la pandemia, muestran de nuevo la necesidad del arte para sobrevivir, aún más en épocas de crisis.

Giorgio Agambe plantó esta intrigante autocrítica: “La filosofía moderna ha fracasado en su tarea política porque ha traicionado su tarea poética”. ¿Poesía y política? ¿Se ha desconocido el poder de las poéticas para pensar, cambiar y soportar el mundo?

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com

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