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Olerse las manos

Olerse las manos

A pesar de su mala reputación, puede ser el sentido al que le damos más capacidad premonitoria.

09 de abril 2021 , 12:08 p. m.

Mi amiga me llamó para decirme que había perdido el olfato. El problema es que no le regresaba y esto le ocasionaba gran nerviosismo; yo mismo, sin siquiera verla ni salir, comencé a sentir que las naranjas del desayuno ya no me olían al madrugador cítrico, y me llegó la manía de oler a cada momento las manos para saber si aún olía. Varias personas me confiesan que se la pasan oliendo sus manos para comprobar que no tienen covid-19.

Al ser el más primitivo, se debe entender que el olfato es un sentido de especie y nacemos con esa memoria. Con los años de transformación, sin embargo, hemos perdido capacidad olfativa; antropólogos han señalado que al evolucionar a ‘Homo erectus’ el ser humano fue perdiendo su capacidad de oler. Otras especies más rastreras, como el perro, poseen alrededor de 200 millones de células olfativas cuando los humanos, apenas 5; si comparamos la vida del perro y del humano, los primeros los guía el olfato y huelen todo, comida, sexo, cocaína, los humanos nos dominar los sentidos a distancia.

En las artes, la vista y el oído dieron lugar a las grandes expresiones, la pintura y la música; en los griegos y luego el cristianismo llegar a Dios era por esos dos sentidos: a Dios se lo escucha o ve, pero no hemos sabido (mucho) que a Dios se huela.

El olfato es un sentido estético determinante. Se usa para discriminar, de los pobres o los coloridos pueden salir malos olores; en el amor, la amada encanta con su perfume hasta cuando se pierde el amor y se va el aroma; en las industrias, la perfumería en Europa, el continente más perfumando, crecía al 4% antes de la pandemia, 8 mil millones anuales de euros, de los más potente del PIB. Al olfato, es verdad, se lo exalta, pero también se lo desconoce. El descrédito del olfato es histórico. El sociólogo Anthony Synnott (London University) preguntó en una encuesta: si tuviera que prescindir de uno de sus 5 sentidos, ¿cuál preferirá perder? La mayoría (57%) eligió el olfato, seguido por el gusto.

A pesar de su mala reputación, puede ser el sentido al que le damos más capacidad premonitoria, como lo revela la expresión: “me lo estaba oliendo”, para significar grado de certeza en los hechos. Quienes pierden el olfato relatan que se sienten desconectados del mundo y andan como zombis sin sabores, olores, ni enganche con el otro. Quizá a eso le apuntaba el virus, a despojarnos del más mundano de los sentidos. Seriamos una humanidad de fantasmas.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

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