Noticias y otras narrativas

Noticias y otras narrativas

La apatía con los noticieros sugiere una necesidad de reinventarlos.

11 de octubre 2019 , 07:00 p.m.

¿Podemos pensar otros telenoticieros? Sin duda es un género de mucha importancia en las audiencias nacionales, pero se tiene la sensación fastidiosa de que todos los días vemos el mismo. Ha habido algunos cambios en los noticieros nacionales que han aumentado horarios; se inician desde muy temprano, con más análisis de contexto y noticias en directo. Pero los que se transmiten en los horarios tradicionales siguen un viejo formato al que sucumben, incluso, nuevas propuestas: entrada con una noticia violenta, asesinatos, derrumbes, violaciones; luego, el tema es la corrupción (se volvió un subgénero), unido a otros escándalos, y al final, deportes, los goles de los infaltables (cuesta asimilar que a diario el debate central es si el futbolista James es o no de los afectos de su director en Madrid...), y el punto de cierre, dedicado a la farándula, la moda y el mundo feliz.

Algunos hechos fantásticos, como la escapada de una exsenadora usando una cuerda, llenan de júbilo las noticias por darse ahí mismo la diversión. Ese mismo hecho que trae por sí su máximo picante ¿no sería del caso enriquecerlo? No digo investigando la historia de la señora voladora, como es lo obvio, sino parangonando actos similares que den tradición a los hechos (como hace la literatura). Admitamos esto como ejercicio narrativo: relacionarla con otra fuga memorable, también de nuestra propiedad nacional, la escapada de ‘Santrich’, para al fin sacar una pregunta clave de nuestro pensar nacional: ¿por qué el país rabió a más no poder con la fuga del guerrillero, mientras que la exsenadora ha despertado simpatía, y diría que hasta perdón? Los une una acción delictiva, pero también el espectáculo de la esencia del gusto televisivo. Dejarlos solo en “escapada increíble” es desperdiciar lo maravilloso literario que contienen.

Y no es que se esté viendo menos TV; al contrario, el consumo aumenta. Cerca del 90 por ciento de los colombianos ven televisión convencional. Solo que los noticieros no son los preferidos. En julio pasado, Betty la fea (Ibope) marcaba 14,21 por ciento frente a los noticieros, que llegan apenas al 6,9; en este momento, Yo me llamo alcanza el 20 por ciento. La apatía con los noticieros sugiere, pues, una necesidad de reinventarlos con otras narrativas, librándonos del formato; ¿acaso la vida diaria no podría ser contada (en forma) más libre, atractiva, sana y variada, sin faltar a la verdad, a la información ni al impacto?

ciudadesimaginadas@gmail.com

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