Medios y polarización

Medios y polarización

¿Hasta dónde pueden contribuir los medios para un país más sereno y de cara al porvenir?

12 de agosto 2018 , 11:07 p.m.

¿Hasta dónde pueden contribuir los medios para un país más sereno y de cara al porvenir? Frente a las discusiones de si los medios afectan las conductas ciudadanas, hoy sabemos que no hay duda. Y en el sentido estético, aquel en el que se nos presenta un mundo de fascinación, los medios, al lado de la educación, actúan poderosamente sobre las mentes ciudadanas, con la diferencia de que mientras los primeros impulsan conductas inmediatas, la educación se toma periodos más largos. Ahí está la importancia de los medios en la percepción de lo inmediato.

La relación entre medios y política es cada vez más de fusión. Se puede, incluso, afirmar que en un mundo mediatizado no hay político sin el favor de los medios e, incluso, que estos fabrican los políticos. Para un político, la cámara es su golosina; aún más, ser político es saber presentarse ante los medios y convertirlos en sus aliados. Y si uno compara el interés de los medios por ganarse una noticia y el de los políticos por producirla, estamos ante el sancocho exquisito: uno puede prometer un muro dizque para frenar la migración y otro, hasta bajarse los calzones para captar la atención.

¿Actúan los medios conscientes de su capacidad política? El sr. Trump fue liquidado por los medios, pero crecía su audiencia, y resultaron creando la figura antisistema deseada por la mayoría. Los medios tienen una parte incontrolable, pero no todo.

Colombia post-Santos tiene como su principal objetivo superar la polarización, pues no podemos imaginar ningún futuro mientras las dos mitades se excluyan entre sí, y ahí aparecen los medios en el centro de la escena: un poco más de autorreflexión puede ayudar a calmar los espíritus: ¿no es irresponsable e inocuo dedicar casi todo un noticiero, como alguno de la TV en horario estelar, a la delirante idea del sr. Maduro de que Santos lo iba a matar con un dron? ¿Que caricaturistas de gran prestigio prefiguren el nuevo presidente con cara de cerdo no es una descalificación prematura? Y, de otro lado, ¿no es acaso función de la caricatura inventar en cada situación y no repetir un modelo?

¿Y qué pasa en las redes, donde la pelea entre bandos se da más devastadora? Una lucha de máscara contra pelo, y viceversa. ¿Para dónde vamos? ¿A reventarse entre sí los enemigos y seguir la lucha a muerte por fuera del ring?


ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

Columnistas

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