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Mal educados...

Mal educados...

¿Educar para qué? La gran pregunta que debe hacerse el Gobierno para mejorar el sistema educativo.

28 de junio 2021 , 09:35 p. m.

Educación, salud y cuidar el planeta son tres pedidos de la humanidad para cuando termine la furia de la pandemia. Quisiera decir que el centro lo lleva la educación, y entonces aparece la cuestionadora pregunta: ¿de qué educación hablamos? ¿Que haya más bachilleres? ¿O que seamos un país de doctores para ganar prestigio social o unos puntos más en la escala salarial? Es evidente que nuestro proceso educativo no ha logrado revelar y practicar su verdadero fin.

Colombia, en la pasada medición Pisa (2020), recibió una calificación general de 412 puntos en lectura, 391 en matemáticas y 413 en ciencias, los tres por debajo del promedio de la Ocde, ocupando el último puesto. Dirán los docentes que es injusto compararnos con países ricos, pero miren cuántos vecinos (más pobres y más pequeños) nos superan. Y ¿a dónde van todos los billones que destina el Gobierno? Hoy es la cartera más rica: de 272 billones del presupuesto (2020), 44 van para educar, el renglón más beneficiado.

¿Dónde está el problema de esa ineficacia y derrota en la educación nacional? Se puede ver en dos dimensiones: una, la calidad de los docentes y escuelas; otra, el enfoque y el sistema educativo. En lo primero no vayamos muy lejos: al sindicato de maestros –Fecode– lo acabamos de ver muy orondo y patialegre en las protestas nacionales, mezclados entre arengas y actos destructivos, hasta llegar su jefe a confesar que lo movían intereses electorales. ¿Acaso algún día hemos visto a los maestros con alguna pancarta, pidiendo no dinero, sino algo como ‘queremos ciencia’, ‘exigimos que nuestros alumnos aprendan inglés (y... nosotros también)’ para no estar de últimos en las escala regional, en esa medición que relaciona al país joven con poder hablar con el mundo?

Y en el enfoque del sistema. El país tiene que regresar a lo simple: ¿qué es la educación y para qué? Si en el Medioevo el centro fue la teología, luego la economía, hoy debería centrarse en la ciencia, la tecnología y la cultura: educación para el desarrollo de la persona humana. Los educadores deben aprender a permitirles ese hacerse de cada persona, y por ello educar no puede ser más atar (normas, tareas, memorizar...), sino desatar: pasiones, creatividad, organizar los pensamientos. El Gobierno no puede darse por satisfecho dando más plata para aumentar estadísticas, sin antes preguntarse: ¿educar para qué? Sin duda, para el futuro de las personas y de la misma nación.

ARMANDO SILVA 
ciudadesimaginadas@gmail.com

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