Los nuevos colores de Bogotá

Los nuevos colores de Bogotá

Atrás, el gris cachaco y la fresa del TransMilenio; ahora es el naranja de los mensajeros.

29 de marzo 2019 , 07:24 p.m.

Un tuit de Rappi anuncia: “Ya cambiamos la forma de comprar y ahora estamos revolucionando la movilidad en Bogotá. Descarga la aplicación y haz parte del cambio”. Se le puede agregar otra revolución... nos está cambiando el color y nos está ocupando el espacio público.

El éxito de esta plataforma, nacida en Bogotá y que logró ser el primer unicornio digital colombiano, viene de jóvenes emprendedores que supieron comprender ineficiencias y sufrimientos en la movilidad capitalina e idear repuestas originales.
Pero su éxito empresarial parece ir en contra de perspectivas públicas de la ciudad. Hoy vemos por todos lados cajas anaranjadas rodando, algunas muy pesadas, que los bicicleteros, como hormigas cargadas, tercian a sus espaldas con pedidos a domicilio.

Ahora llegó la alternativa de transporte: las patinetas automáticas verdes. La empresa mexicana Grin se asoció con Rappi para usar su enorme plataforma de clientes

El fenómeno aumenta hasta convertir a todos estos misioneros urbanos en batallones al acecho de ciudadanos consumidores, en especial jóvenes, que encuentran en esta app la excusa para justificar su pereza y no salir. Allí van a parar venezolanos que huyen de la embestida dictatorial, estudiantes, desocupados, en fin, y esto es meritorio; oportunidad de ganarse algunos pesos. Mas la ciudad padece un tipo de invasión, similar a enjambres inteligentes: con Waze guiándolos, eligen caminos cortos, no atienden semáforos, descansan y entonces ocupan parques, escaleras de centros comerciales, esquinas, etc. Y si ya estábamos al tope con los mensajeros en sus bicis, ahora llegó la alternativa de transporte: las patinetas automáticas verdes. La empresa mexicana Grin se asoció con Rappi para usar su enorme plataforma de clientes y el resultado a la vista; otro éxito total: responde a los trancones, con velocidad y aire libre. Ahí también se cometen todo tipo de infracciones, jóvenes sin tiempo que corren y hasta adultos (creo que yo también... perdón) que no dejan de echarse una canita al aire con divertidos patinetazos. Hasta ahora no han ocurrido desgracias mayores.

Así que la escala cromática de Bogotá, donde opera Rappi, ha cambiado. Atrás, el gris cachaco y la fresa del TM; ahora es el naranja de los mensajeros, el verde de las patinetas y el rojo de sus redes. Una ciudad más rápida, pero también menos pública y engreída, que se siente en plena modernidad porque una patineta lo lleva a mil y un mensajero golpea en su puerta para entregarle una pizza medio caliente.

ciudadesimaginadas@gmail.com

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