‘Los feos somos más’

‘Los feos somos más’

La fealdad adquirió con Gaitán el poder de la confrontación estética.

15 de febrero 2019 , 07:11 p.m.

El mundo urbano colombiano poco se ha trabajado en la ficción. Hay algunas buenas narraciones literarias o fílmicas en los últimos años que toman como referencia nuestras ciudades; pero mientras Buenos Aires o Ciudad de México hicieron urbanismo literario a lo largo del siglo XX, Colombia más bien se distingue por letras de la ruralidad, de la selva, de historias míticas de amor o de personajes surrealistas que eleven en cuerpo y alma, ajenos a la cotidianidad de las urbes.

En las telenovelas y melodramas ha habido, desde los años 60, varios intentos por captar personajes urbanos que han sido premiados por la audiencia, como Yo y tú, Don Chinche, y hasta en la ficción y el humor político de Jaime Garzón en Quac o Lechuza, de donde salió el lustrabotas Heriberto de la Calle. No obstante, se notaba un vacío sobre modernidad urbana en que los relatos impongan tiempos ágiles, se creen personajes de la vida actual, se dejen ver los sentimientos que dominen las nuevas ciudadanías. Lanzar personalidades urbanas, al inicio del nuevo siglo, fue el aporte del libretista Fernando Gaitán con Betty la fea.

La belleza es sin duda uno de los paradigmas del bienestar de las actuales sociedades de consumo. La industria de la belleza urbana, expresada en cremas rejuvenecedoras, gimnasios modeladores de cuerpos, en cirugías estéticas, atrapa varios puntos del PIB global. Uno de los templos de esa belleza anhelada son las pasarelas y la moda, escenarios en los que Gaitán supo colar una fea. El gran impacto que produjo en Colombia (y otros países) es una señal de que su libretista había captado algo nuevo: Betty, guerrera, sin ser feminista, se puso al lado a quienes no nacen con los atributos de la belleza reconocida en los medios. La fealdad adquirió con Gaitán el poder de la confrontación estética. No solo la inteligencia contra la belleza, otro estereotipo, sino la osadía de hacer y hacerlo mejor de lo que lo hacen los hombres, manejar una empresa de belleza y llevarla a la cumbre aun manipulando y tramando, como los hombres guapos.

Si bien al final el libretista no fue capaz de mantenerla fea, quedó en la memoria que su legado fue mostrarnos el otro lado de las banalidades televisivas y convertirlo al mismo tiempo un otro producto exitoso para el espectáculo mediático: para una audiencia con muchas más feas que bonitas.

ciudadesimginadas@gmail.com

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