Jo, jo, jo

Jo, jo, jo

En una economía de consumo, la satisfacción se ha desplazado a la misma compra.

06 de diciembre 2019 , 07:00 p.m.

La belleza ya no es del arte, sino de las cosas. Aquellos atributos del arte, como el placer y la belleza, se han ido desplazando al mundo social y a las urbes. Si uno echa una mirada a su entorno, va a descubrir que los carros lucen espectaculares; que los jeans de la vecina, divinos, que el panadero logra nuevas formas y mejores olores, que los peinados de las estrellas cambian todos los días, que hasta un funeral se volvió hermoso. La belleza se nos cuela por todos lados. Hasta en los agentes duros, cómo desconocer que los uniformes de Esmad son apabullantes, casi iguales a los de filmes roboqueros, y entonces parecen personajes de cine; o ver que los encapuchados en las manifestaciones tiran pinta, los últimos los vi vestidos de blanco, como monjes, con botas azules y trapo negro arabesco tapando su rostro, mientras lanzan infames papas bomba para destruir o matar. Uno de ellos terminó inmolado.

Pero es en el consumo donde el mundo es más bello. Sabemos que el Black Friday convoca a tantos compradores que ya han terminado personas aplastadas, las avalanchas cuando abren son impredecibles. En conmemoración de diciembre, Bansky hizo un grafiti en el que a lado y lado de la cruz, Jesús deja dos canastas de regalos para sus rebaños. También acabo de ver en desfile varios camiones con miles de Papás Noel rodando por Park Avenue, en Nueva York, con costales llenos de regalos. El viejo Noel es zorro. Nos provoca a la compra y vive muerto de la risa. Su jo, jo, jo, que resuena por todos lados, es tétrico. Antes, la Navidad era del Niño Dios y ponía a los niños un regalito debajo de la almohada, ahora no caben por la chimenea. Una ciudadana gringa acaba de atascarse en una, pues no cabía con tantas cosas, y los bomberos tuvieron que rescatarla. Qué peligro las chimeneas en estos días.

Algunos colegas dicen que el consumo define al ciudadano de hoy. Presento otra dimensión. La compra no se satisface solo con el objeto físico. En una economía de consumo, la satisfacción se ha desplazado a la misma compra. Hemos visto en España gente enloquecida comprando en Zara, aprovechando las inauditas rebajas, y al salir botar lo comprado. El placer estaba en el acto de la compra y no en el objeto pagado. A esto lo llaman pulsión; el amo es el deseo, no la necesidad. Compramos para gozar. Puede que el otro día lloremos nuestra felicidad momentánea y nos tumbe el guayabo: al fin y al cabo, es otro tipo de borrachera.

ciudadesimaginadas@gmail.com

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