Ficción y futuro

Ficción y futuro

Netflix prueba narrar el futuro desde una pantalla en la cual ya no hay espectadores pasivos.

01 de febrero 2019 , 07:00 p.m.

El futuro es tecnología, pensamos. Distintas narraciones que entrelazan literatura y ciencia ficción, pero en especial el cine y las nuevas series de pantalla, ambientan esta crucial pregunta sobre el porvenir que gana más intriga todos los inicios de año. En ellas se va trocando la noción de futuro desde la predicción, la ilusión o, ahora, una mezcla entre escritura colectiva y planes corporativos.

Bandersnatch no es predecir. Es un ejercicio semiótico en que la realidad por venir se puede contar de muchas maneras, pero el narrador se reserva derechos.

El filme reciente (2015) Tomorrowland, emulando la novela-ensayo El retorno de los brujos, pone a un selecto grupo de adolescentes-robots a buscar genios terrícolas para llevárselos a otra dimensión fuera de la Tierra donde un grupo de elegidos diseñan un nuevo mundo, con más bondad y equilibrio. En el Show de Truman (1998), el universo que vive su protagonista es diseñado. El hombre no sabía que el mundo feliz en que vivía no era real, sino que estaba dentro de un reality show manejado con tecnología visual para ser trasmitido por TV todos los días: ¿acaso vivir dentro de la ficción no es real? Un nuevo paso se da ahora con Bandersnatch (2019), que lleva al límite la serie Black Mirror, cuyo agente motivador es el futuro. Pero, he aquí esa extraña y perversa alianza entre futuro y corporativismo, inquietante sin duda; un joven, en 1983, es manejado por un ente del futuro, un nuevo planeta que existirá en la primera década del nuevo milenio: se llama Netflix. Corporación gigante que ya no solo es la mayor industria de filmes y series sobre el paradigma de la tecnología que esculca el futuro; ahora se mete dentro de los relatos: prueba un nuevo modelo de narrar el futuro desde una pantalla en la cual ya no hay espectadores pasivos, sino coautores manipulados que eligen de modo interactivo hacia dónde (futuro) irá el cuento.

Mientras que en la clásica Blade Runner, en 1982, el futuro era predecir lo que podría ser el 2016: convivencia con robots o carros voladores, Bandersnatch no es predecir. Es un ejercicio semiótico en que la realidad por venir se puede contar de muchas maneras, pero el narrador se reserva derechos. Linda con la religión. El destino existe, y con mi pisca de autonomía elijo un camino. Solo que cualquiera que elija ya está predeterminado. El planeta Netflix, que nació en el siglo XXI, te guía en la era digital. ¿Aprisionados en el futuro?

ciudadesimaginadas@gmail.com

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