El doctorismo y las universidades

El doctorismo y las universidades

El principal desencanto de las universidades reside en que, en su mayoría, se quedaron en el pasado.

29 de septiembre 2018 , 12:00 a.m.

Pensar en las universidades en Colombia no era solo un asunto académico, sino social. El descrédito de la palabra ‘doctor’ era notable, pues se llamaba así a todo aquel que tuviese algún poder, comenzando por el que nos atendía en una ventanilla y hasta al que iniciaba cualquier carrera, ya que a todos se los graduaba socialmente con el fastidioso título de doctor; llamar a alguien doctor se fue convirtiendo en un chiste y una vergüenza. ¿Nos hemos ya librado de este espanto socioverbal?

Al mismo tiempo, varios supuestos por los que se hacía el doctorado académico se han venido derrumbando. Hoy se pueden satisfacer anhelos de estudios con cursos cortos y específicos, hacer dinero sin pasar por una universidad o lograr prestigio por acceder a los medios. Pero el principal motivo del desencanto de las universidades reside en que, en su mayoría, se quedaron en el pasado. Se sigue un modelo medieval de acumulación de conocimientos que se transmiten al estudiante, sin reparar en las necesidades nacionales, sino en su propia rentabilidad como negocio, y no encajan sus programas a los nuevos saberes, con evidencias de que muchas carreras ya tienen carta de caducidad al ser reemplazadas por procesos digitales, pero se siguen sosteniendo, y otras nuevas aún no dan la cara en estas instituciones, lentas al cambio.

Llamar a alguien doctor se fue convirtiendo en un chiste y una vergüenza. ¿Nos hemos ya librado de este espanto socioverbal?

¿Vale la pena insistir en programas como Ser Pilo Paga, con la alta inversión que ello significa? Se bendice a un pequeño número de alumnos de bajos recursos a los que se convierte en otra élite de privilegios y se favorece aún más la privatización. El país debe repensarse en el futuro público y entender que las sociedades del conocimiento valen porque mueven el mundo.

¿Están inmersas nuestras universidades en las realidades nacionales, en las preguntas mundiales sobre el futuro del ser y del planeta? ¿Priman en las universidades la creatividad, la búsqueda de soluciones y la confrontación a las formas de poder, o son más bien sus aliadas? La universidad debiera ser un centro de experimentación con base en las tecnologías de hoy, pero también lugar de búsqueda de alternativas de pensamiento; no tienen sentido para escalar socialmente, sino para hacer ciencia, investigación, cultura no rentable, para el desarrollo de un pensamiento crítico: de resto, la universidad es un costoso mito.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

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