Efecto metro

Efecto metro

Ojalá López, en su mente curiosa y exploradora, contemple aprender cómo las estaciones son arte.

22 de noviembre 2019 , 07:00 p.m.

El tan deseado metro, que al fin se realizará, puede ser la obra que nos enseñe a los bogotanos a rehacernos y a pensar más en grande. Si uno mira la Bogotá vieja, disfruta de esas callejuelas de La Candelaria andaluza, donde escasamente cabe un coche. Pero si se desplaza a Cedritos en plena época de clase media con carro, siguen casi las mismas callecitas, la ciudad creció, pero sus calles siguen coloniales. Y así pasa en otras obras. Al gran corredor de la 26 lo bautizaron como horror al despilfarro: hoy quedó diminuto. El Dorado se amplió para 18 millones de pasajeros año, y hoy, en solo 5 años, ya hay 36; cada día será más insoportable en su pequeñez, y rezamos para que no haya accidentes mayores.

La encuesta de percepción ‘Bogotá cómo vamos’, en su último informe del año, marca un nuevo perfil de futuro que asocio con los nuevos pensamientos que desatan las grandes obras. En sus temas más definitorios, al contrario de las frases desconsoladoras de varios opinadores y de algunos círculos que se dan imagen con su destrucción, emerge una Bogotá cercana al optimismo. El nivel de satisfacción con la urbe supera el 50 %, su orgullo pasa del 39 al 47 %; en salud, el 54 % está satisfecho, y los grupos que más reconocen sus bondades están en los estratos medios hacia abajo, y, además, subieron todos los indicadores de servicios: gas, agua, energía, aseo e internet con un nuevo rey: el celular. Y en la cúspide de esta sacudida al porvenir aparece la alcaldía como la entidad que más hace por la calidad de vida de sus ciudadanos.

Esta última encuesta posmetro evidencia que los ciudadanos no quieren a su alcalde, pero reconocen su obra. Peñalosa no es un funcionario simpático, pero ¿se requiere la simpatía para ser gran ejecutor? Un exceso de simpatía fácilmente conduce al populismo basado en sonrisas complacientes y palabrerías. Y es allá donde la nueva alcaldesa podrá anidar el centro de sus éxitos, pues con el metro se reorganiza y repiensa la ciudad. Ojalá López, en su mente curiosa y exploradora, contemple aprender cómo las estaciones son arte, como las de Moscú; exactitud y orden, como el transporte en Zúrich, que irriga seguridad como en la de Nueva York de hoy, y que son el gran juguete ciudadano, como en sus orígenes Caracas o Santiago, e incluso un fetiche adorado como el de Medellín, de donde guardo fotos de ciudadanos espontáneos limpiando sus vidrios con las mangas de sus sacos.

ciudadesimaginadas@gmail.com

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