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Los olores imaginados

Los olores imaginados

Los olores que no existen en la realidad pero que uno siente serán siempre los olores imaginados.

Luego de varios años volví un día con mi madre y hermanos a la casona en el centro de la ciudad donde yo había nacido y vivido mis primeros años. Estaba en venta y pudimos entrar, lo hicimos con cautela, diría, un poco temerosos por los recuerdos. Inspeccionamos distintos espacios hasta llegar al cuarto de mis padres, al más amplio de todos. Allí se me produjo el mayor desvarío: olía a lo que era mi casa, no era a casa guardada y vieja, que fue mi impresión cuando entré, sino a familia, a madera de las escaleras a un aire floral que siempre había asociado a unas matas de mi madre en el patio de abajo.

Cuando revisé los estudios bajo mi coordinación de México D. F., descubrí de nuevo una experiencia similar, pero ahora medida por encuestas de percepción. Un olor sobresaliente de la ciudad lo ubicaban los ciudadanos en la avenida Hidalgo, donde hoy está la escultura del ‘Caballito amarillo’ y allí, al menos los mayores, ubicaban con precisión un olor fétido. Mis colegas mexicanos luego me explicarían que era real, que salía una emanación apestosa por años, hasta cuando canalizaron y el olor desapareció, pero no para todos. Justo por eso el ‘caballito’, para cambiar una sensación olfativa por otra visual.

Los olores que no existen en la realidad pero que uno siente serán los olores imaginados. Estas nuevas maneras de aceptar otras realidades están llevando a otras maneras de hacer urbanismo y mostrar arte. El Instituto Humboldt trabajó sobre sonidos en la pandemia en Bogotá y aislaron 5.717 pasajes sonoros, el 50 % venían de las aves y la naturaleza, lo que significa otros aromas en el encierro.

En el arte ha sido recurrente asociar olores al cine, pero también las pinturas. Hasta junio, en el Museo Mauritshuis de La Haya recrean los buenos y malos olores del siglo XVII, con obras de la época, desde perfumes de nobles hasta aromas desagradables de los mercados populares. Por estar cerrado, la visita es virtual, “permitiendo a los visitantes aspirar los olores desde sus casas” con ayuda de vaporizadores enviados por correo físico. Una pintura se transforma en acción performativa: pinturas que huelen o filmes con sillas perfumadas. El arte apenas recrea lo que pasa en la vida social, que las sensaciones no son realistas, sino que en buena parte son imaginadas, están guardadas en el cerebro y la mente y se activan sin que las busquemos y en un preciso momento: por ejemplo, el olor de la infancia cuando recuerdas al padre fallecido.

Armando Silva
ciduadesimaginadas@gmail.com

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