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Tumbar conquistadores

Tumbar conquistadores

La idea de que hay algo nativo que debemos buscar para hallar identidad es una pésima ilusión.

14 de mayo 2021 , 09:25 p. m.

La comunidad indígena misak vino a Bogotá y derribó la estatua de Gonzalo Jiménez. La iconoclasia no es novedosa, y menos en este momento cuando, en medio de encierros y luchas por el espacio público, actos violentos e incluso criminales de autoridades y ciudadanos han dado impulso para tumbar estatuas por todos lados del mundo.

Cuando los misak derribaron la estatua de Belalcázar en Popayán, lo reconocí en esta misma columna y lo entendí como un sagaz gesto emparentado con el arte contemporáneo de resignación de memoria. No veo lo mismo en Bogotá: ¿con qué derecho cultural esta comunidad derriba una estatua en la capital? ¿No es un acto violento y abusivo de su parte y de quienes aplauden el hecho como un “acto de libertad”? Como quien dice, ¡nos hicieron el favor de actuar por nosotros! ¿Se trata de un acto decolonial?

En una página de arte (E P) y por redes circula la pregunta: ¿con qué estatua reemplazar a Jiménez? La mayoría se inclina por poner una estatua indígena como la valiente Cacica Gaitana, más autóctona y que más nos representa a los bogotanos. ¿Es cierto? Los decolonialistas han llegado a pedir que no hablemos español para librarnos del conquistador... he respondido en debate público que ello no solo es ingenuo y populista, sino imposible. Con el español aprendemos a representar el mundo, y esta lengua es tan genuinamente nuestra como nuestros cerebros. No confundirse: el español es una lengua, no una nación. No es el país de España, es un idioma que hablamos, somos parte de una misma comunidad de hablantes y pensadores.

En mi presencia señalaron a un colega español de ser un colonizador, y respondió: “Ese reclamo háganlo a sus antepasados que les dieron su apellido”: la mayoría colombiana lleva apellidos españoles. ¿Es más bogotana la Gaitana que Jiménez? Todas las naciones han sido conquistadas, y no por eso carecen de identidad. ¿Los 8 siglos de moros en España, que dejaron tantos bellos vocablos árabes, los borramos para ser libres?

La idea autoritaria de que hay algo auténtico y nativo que debemos buscar para hallar nuestra identidad es una pésima ilusión. Tumbar estatuas es algo más que un tirar de una cuerda. Para que no sea un acto vandálico deben sopesarse criterios históricos y de contexto. Si todos nos ponemos a tumbar símbolos que no corresponde con nuestros pensamientos, sería creerse que se está en la verdad única para imponer al resto. He ahí la alienante soberbia a la luz pública.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com

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