El arte de tumbar estatuas

El arte de tumbar estatuas

Tumbar símbolos del pasado colonial es parte del pensamiento decolonial latinoamericano.

25 de septiembre 2020 , 09:25 p. m.

Las imágenes son también una herramienta para luchar por la opinión pública. Asaltar obras, quemar objetos de algún valor de una comunidad que se quiere ofender pertenece al ancho terreno de la iconoclasia que, con fines simbólicos, destruye, suplanta o esconde. Si bien esta actitud estaba presente en los albores del cristianismo hoy representa un significado más político que religioso.

Estos hechos desafiantes y confrontadores no pueden estar aparte de lo real del objeto atacado. Son parte de su historia, y el hecho como tal se va enriqueciendo con nuevas intervenciones, pues una acción de esta naturaleza es una nueva interpretación, como lo haría algún discurso acertado que con nuevas palabras hace ver de otro modo una realidad estacionada. Y creo que la estatua significa eso: algo inmóvil que se congeló en el tiempo... hecho estatua, como un muerto. Varias estatuas en las ciudades se gastan, se vuelven muebles viejos que no se sabe dónde poner, como la de los Reyes Católicos en Bogotá. El origen verbal lo revela, statua: ‘estacionarse de pie’.

Tumbar símbolos que representan el pasado colonial es parte de los objetivos del pensamiento decolonial latinoamericano. Pero llevar lo decolonial al punto en que no debiéramos hablar español porque es el idioma del conquistador, como algunos lo han dicho, me parece francamente un exabrupto y un contrasentido a la inteligencia, pues no es posible sacarnos el español de nuestro cuerpo y mente. Con él aprendimos a pensar y representar; ¿acaso si todos los nacionales hablásemos muisca nos hace más auténticos y verdaderos? No significa que no debamos sacar a todo colonizador de nuestra alma, como lo tiene que proponer toda sociedad y todo ser humano, pues al final todos somos conquistados.

Tumbar una estatua del ‘fundador de Popayán’ por parte de la comunidad misak, no por vándalos, lo hace un acto creativo cercano a algunas prácticas de arte contemporáneo de intervenir objetos para recontextualizarlo. Pero de Popayán llega otro buen ejemplo de revitalización de la memoria. Sophia Rodríguez Pouget acaba de publicar El día que la estatua de Caldas se bajó del pedestal. La periodista puso a jugar la estatua pétrea con otra viviente que habla y cuenta a los ciudadanos que un día lo mandaron fusilar por hacer ciencia para los neogranadinos. Historia decolonial de Caldas actualizado por un performance que vuelve a darle vida a una estatua achacada.

Armando Silva
ciudadesimaginadas@gmail.com

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