Una fábrica que produce objetos de arte o de talleres y manufacturas, pero al mismo tiempo objetos de pensamiento. Luego de mucho pensar y buscar encontraron el sitio más apropiado para construirla y desde allí generar acciones a su vecindario. Nace de esta dinámica Barranquilla de la última década, que encontró en el sector Barrio Abajo las claves para hacer un arte que no es del museo sino de su pueblo.
Esta obra que recién se termina (si es que cabe decir terminar) surge de la inspiración de Arquitectura y Diseño, un grupo de creadores de la Politécnica Federal en Zúrich (ETHZ), H. Klumpner, D. Ceresuela y de la Uninorte, M. Moreno y S. Chirivell, en asocio con la alcaldía. El visitante se encontrará con una bella e inquietante construcción de mucho impacto visual, 9 pisos en ascenso, como una calle vertical, ascendiendo por una potente escalera roja vibrante en forma de caracol (su símbolo de oírse entre todos); obra de arte contemporáneo, hace primar el contexto, que vino a romper los límites entre arquitectura, diseño, arte, taller y plaza de mercado, lo que ya le ha merecido premios internacionales.
Al experimentar la fábrica, diría de paredes rotas, abiertas al exterior, se puede sentir su diseño; cada piso trae un nuevo punto de vista integrador del sector: el museo de arte, el Sena, el malecón del Magdalena o zonas de talleres e industrias. Se remata con una terraza a cielo abierto con las bondades de las brisas de la ciudad que puede proyectarse como una futura plaza adonde sus usuarios podrán disfrutar de comidas, bares, música o cuantas arepa e huevo deseen. Si bien albergará una escuela de arte, se trata más allá de generar interacciones entre artista y comunidad y lo que promete su diseño es estimular estas manifestaciones; quizá no tendrá un director sino un curador que haga compatible el edificio con toda creatividad prevista.
Podría convertirse en un modelo para repetirse en distintos sitios que quieran dinamizar sus barrios y ciudades desde una fábrica singular: es un edificio arte-pensamiento, pues vecinos, artistas y talleristas tendrán como propósito pensar su mundo de modo permanente. El origen latino de fábrica, hacer mercancías, se emparenta en el diccionario de ideas afines con fábula, hacer relatos, y ambas acepciones significan: crear, montar, procesar. Fábrica de cultura puede significar, entonces, una urbe que se relata a sí misma todos los días de modo fabril, como los mitos. ¡Un imaginario radical!
ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com
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