Asómate a la ventana

Asómate a la ventana

En estos días las ventanas se convirtieron en los ojos y los oídos desde donde seguimos la ciudad.

24 de agosto 2020 , 12:21 a. m.

¿Algo más bello, misterioso... y femenino que una ventana? ¿Qué elemento de la arquitectura de la ciudad más ejemplar que la ventana como esponja entre lo privado y lo público? 

Qué objeto más inspirador para un poema que la ventana por donde Octavio Paz le canta a su amada ideal “... anoche fuimos tres... con la ventana que nos mostraba la luna...” o más triste y en despedida cuando Juan Ramón Jiménez canta “... mi cuerpo estará amarillo y por la abierta ventana entrará una brisa fresca preguntando por mi alma... no sé si habrá quien me solloce”. Es la misma ventana que apareció gloriosa entre todas las demás piezas durante los encierros de la pandemia, llenándose los ciudadanos con esas mismas emociones de poetas y arquitectos: mirada, alegría, voyerismo, nostalgias y muerte... o hasta esperanza, porque permite estar casi afuera cuando la ciudad exterior se vio reducida a una ventana.

Esta ventana, que nos ha permitido ver al mundo así sea de lejos, como una pintura o una foto, ha contado en las últimas semanas con unos nuevos ruiseñores inesperados que fueron llegando para cantarles a las familias encerradas, lo que antes era solo para enamoradas: las serenatas. Su doble etimología es reveladora: proviene de ‘sera’, ‘buona sera’... el inicio de la noche en italiano, y del latín ‘serenus’, cielo despejado... que se agradecía desde la ventana. Su origen, igual, es encantador: en el siglo XVIII, unos músicos caminaban y cantaban al aire libre para festejar la noche y poco a poco se fueron instalando en las ventanas de las casas. Como nuevo género urbano que deja la pandemia, nació de la necesidad de los serenateros de sobrevivir; al comienzo cantaban canciones mariachis del despecho, pero fueron integrando un repertorio de canciones populares, y ahí están: ‘La casa en el aire’, ‘Candilejas’ y hasta bailables y nacionalistas, ‘La pollera colorá’...

Serenata y ventana son hermanas. Sin embargo, nunca como en estos días las ventanas se convertirían en los ojos y los oídos desde donde seguimos la ciudad. Desde allí disfrutamos, como público de teatro, a los primeros espontáneos que cantaban desde otra ventana canciones locales que llegaban al alma. Desde ellas compartimos los aplausos de los vecinos y les hablamos... Asómese, pues, a la ventana, buen vecino, y vea su soledad por últimas veces... dentro de poco habrá mucha gente por la calle; asómese y verá que ha sobrevivido y que el mundo vale mucho la pena. ¡Salud!

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

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