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Arte sin peso

Arte sin peso

Este hecho de arte toca la ciudad desbloqueando la percepción de uno de sus emblemas identitarios.

24 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

Me encontraba estudiando en París cuando una pareja de artistas cubrió el Pont Neuf. Con unos compañeros fuimos al sitio aquel 25 de septiembre de 1985 y nos encontramos con una extraña obra. Christo y su esposa, Jeanne-Claude, de quienes apenas había oído hablar, entraban en el campo de lo insólito y desafiante al presentar como arte la envoltura del puente más viejo de París. Comentamos que ese puente había sido muchas veces llevado al arte, en especial por los impresionistas, Pissarro o Monet; pero en esta ocasión, de mi parte, quedé inquieto, quizá interrogado, con una obra que se podía pisar, y de hecho la caminamos.

(Lea además: Terror y arte: 11-S)

El viernes siguiente tenía mi seminario central de psicoanálisis con mi director de tesis, el profesor Ch. Metz, a quien le propuse el tema, anticipándole mi sentir maravillado en que se taparan los objetos de la ciudad. Metz, uno de los protagonistas en llevar la interpretación analítica al cine y el arte, propuso como paradigma el velo. Cubrir el objeto del deseo o, dicho de otra manera, cubrirlo para desearlo: pero si se tapa un objeto del deseo, produce también lo contrario: angustia.

Este arte que podemos llamar público, como lo acabo de exponer en un debate sobre lo contemporáneo en la U. de Buenos Aires (disponible en YouTube), tiene una lectura y es su convivencia con los símbolos urbanos, haciendo emerger pensamientos sociales liberadores de la cotidianidad ordinaria, y Christo es uno de sus mayores exponentes. Su obra póstuma, recién inaugurada, Arco del triunfo envuelto lo reconfirma, tejer sobre el gran monumento napoleónico de 200 toneladas de acero unas livianas filigranas de polipropileno azul plateado que brillan, lo que ya asombra con el destello y con el contraste de peso de una escultura sobre la otra.

Impacta un hecho de arte que toca la ciudad desbloqueando la percepción de uno de sus emblemas identitarios. Por esto no creo que sea envolver (con perdón de Christo), sino cubrir el verbo profundo en su significado. Cubrir conlleva avivar el deseo. El velo no es la tela, sino lo que se oculta. No es envolver un regalo... sino ocultarlo por un breve tiempo, 15 días, con una tela. El encantamiento y la angustia de sus visitantes, de pospandemia, es que se encuentran con una nueva París; alelados ante su descubrimiento del nuevo ‘Arco del triunfo’, triunfo de una ilusión del arte que tapa su ciudad para hacerla desear e imaginar, como ocurre con el velo erótico del amor.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

(Lea todas las columnas de Armando Silva en EL TIEMPO, aquí)

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