Amor animal

Amor animal

Parece que los jóvenes millennials ya han decidido tener perro o gato en vez de hijos.

20 de octubre 2018 , 04:05 a.m.

Happy Birthday to You, Happy Birthday to Romeo... Es una fiesta ordinaria de cumpleaños, solo que Romeo no es un humano, sino un perro. Ahí está la abuelita acompañando a su nieta de 15; sus padres y amigos, con invitación electrónica, vestidos de gala para Romeo, que en verdad ya no lleva lo que se conocía como vida de perros: bebé de apenas dos años, consentido, educado con esmero para una vida sin traumatismos. Al ágape llega la torta; en cambio de vela, un hueso; piñata y un video en el que “el mismo peludo será el camarógrafo”. Antes de terminar vienen fotos y selfis con cada invitado, para delicia de la familia patrona.

El paisaje es tierno. ¿Pero no estamos cruzando las fronteras de las especies? Circulan por las redes infinidad de clips que aconsejan adoptar un gato para reducir enfermedades (¿no las aumenta también?), y, en general, por todos lados se recomiendan mascotas para crecer saludables y más felices.

Parece que los jóvenes millennials ya han decidido tener perro o gato en vez de hijos, y así se extiende por el mundo esta humanización de los animales. Famoso es el caso de Trouble, el perro millonario que recibió 12 millones de dólares de herencia, y cada día es más frecuente ver en limusina varias bestias domésticas, como también secciones en los mercados con dietas, enlatados y servicios médicos y psicológicos para el reino animal.

En Bogotá crece el empleo para pasear perros por los parques de barrio, que van dejando de ser para niños, pues apenas les queda un rincón, amedrentados ante posibles ataques caninos o miedosos de pisar sus heces.

¿Qué aspectos profundos de la psiquis humana nos están llevando a esta pasión animal, hasta ingresarlos como miembros de la familia y llegar a remplazar la figura humana? La tecnología, la soledad, las dificultades para amar o el trabajo inestable son apenas parte de la respuesta.

¿Terminaremos casándonos con perros, como ya se hace con robots? ¿Aceptarían los alegres fiesteros de animales que serían más felices si no los disfrazan con corbatín el día de brujas, sino que los dejan libres por la naturaleza? A la orca Keiko, que obtuvo 30 millones de dólares por sus filmes, decidieron que era crueldad mantenerla cautiva, y, por tanto, no fueron gastados en limusinas, sino que fue soltada en altamar para un encuentro con sus congéneres salvajes. Un acto de amor.

ARMANDO SILVA
ciudadesimaginadas@gmail.com

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