Un aniversario agridulce

Un aniversario agridulce

Alemania vuelve a dividirse, la guerra larvada entre bloques no cesa, y se levantan nuevos muros.

09 de noviembre 2019 , 09:33 p.m.

Ayer sábado se cumplieron 30 años de la noche de 1989 en que los berlineses rompieron la frontera que cortaba en dos la ciudad, el Estado y el mundo. La unificación que vino después entre la Alemania comunista (la que se llamaba Democrática) y la occidental debía significar también el fin de la Guerra Fría que dividía a Europa. Pero la celebración de este trigésimo aniversario presenta luces y sombras: Alemania vuelve a dividirse, la guerra larvada entre bloques no cesa, y se levantan nuevos muros.

Nadie lo esperaba. Todo partió de un malentendido. En una conferencia de prensa transmitida en directo, el portavoz de la Alemania comunista, Günter Schabowski, anunció que se podría viajar en el futuro fuera del país. “¿Cuándo?”, le preguntó un periodista. Sin entender el comunicado oficial que tenía delante, contestó: “Según entiendo yo, inmediatamente”. En las horas siguientes de esa noche de noviembre, miles de berlineses, tan incrédulos como firmes, salieron a la calle decididos a superar el muro: se habían terminado las dos Alemanias.

Pasados los años, otra profunda división ha aparecido en tierras germanas: la que representa el resurgimiento de una potente extrema derecha de resonancias claramente nazis. De hecho, coincidiendo con este 30.º aniversario de la reunificación alemana, el Gobierno de Berlín ha planteado para su aprobación en el Parlamento un paquete de medidas a fin de contrarrestar la ultraderecha y relevado al jefe de los Servicios Internos del país por posible complicidad con los ultras.

El partido de los neonazis, Alternativa por Alemania (AfD), xenófobo y partidario de la “pureza étnica”, crece exponencialmente en la Alemania excomunista. En la ciudad de Dresde, capital del estado de Sajonia, el consejo municipal acaba de declarar el “estado de emergencia nazi”. Paradójicamente, antes de la caída del muro, Dresde era una destacada ciudad comunista; allí ejercía a sus 37 años como oficial de los servicios secretos rusos el que luego sería presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Por lo demás, en Europa se han erigido en las últimas décadas otros muchos muros por tierra y mar, y en el ámbito digital, para la vigilancia contra la llegada de inmigrantes y refugiados: unos mil kilómetros de muros terrestres, equivalentes a seis muros de Berlín.

En el plano geopolítico, muchos analistas y centros de pensamiento consideraron que tras la caída de la Alemania comunista en 1989, y seguidamente de la URSS, había llegado el viento nuevo de las democracias liberales vencedoras de la Unión Soviética, lo que algunos llamaron “el fin de la historia”. Pero, como señala la editorialista del Courrier International Claire Carrad: “Treinta años después de la caída del muro, el mundo parece sumergido en un caos difícilmente legible. El capitalismo ha mostrado sus límites, las desigualdades no son ya soportables, las poblaciones lo dicen alto y fuerte en América latina, como en Europa y Oriente. ¿Alguien les oirá?”.

P. S. Malos presagios. Once mil científicos de todo el mundo acaban de lanzar un manifiesto, publicado en la revista BioScience, en demanda de que se declare la “emergencia climática”, anunciando un “sufrimiento humano sin par” si no se producen grandes transformaciones en la forma como nuestra sociedad global funciona e interactúa con los ecosistemas naturales, en primer lugar deteniendo las emisiones de dióxido de carbono.

En 2015, 195 Estados firmaron en París un acuerdo en este sentido, aunque, según la comisión de seguimiento de la ONU, solo un 20 por ciento lo están cumpliendo. El presidente Donald Trump acaba de anunciar que Estados Unidos, el 2.º país más contaminante del mundo, se retira del Acuerdo, cediendo a las presiones de las industrias de combustibles fósiles y tranquilizado por el director del subcomité parlamentario sobre Medio Ambiente, John Shimkus, quien explica que el calentamiento global no puede ser problema porque Dios le prometió a Noé que no habría otro diluvio.

ANTONIO ALBIÑANA

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