Sombras chinescas

Sombras chinescas

La celebración de la República Popular China estuvo ensombrecida por la rebelión hongkonesa.

06 de octubre 2019 , 03:27 a.m.

La llegada del otoño ha estado presidida en el ámbito internacional por dos acontecimientos de considerable magnitud.

En primer lugar, la improbable expulsión de la presidencia de Estados Unidos de Donald Trump, luego de salir a la luz sus maniobras con Rusia y Ucrania para socavar a sus adversarios del Partido Demócrata. Primero conspirando con el régimen de Putin para eliminar las posibilidades de su oponente Hillary Clinton, un asunto que renace de nuevo y sería letal para Trump si un día se conocieran a fondo sus negocios en Rusia. En desarrollo, sus trapisondas con el payaso Zelensky, presidente de Ucrania, para trabajar contra su posible rival en las elecciones del año próximo Joe Biden, usando como presión fondos públicos de “ayuda” estadounidense. La cuestión no ha hecho más que empezar.

El segundo acontecimiento ha sido el alarde de poderío militar de China en la celebración del 70.º aniversario de su fundación como “República Popular” por Mao Zedong. En medio de un baño de masas, el presidente Xi Jinping daba el martes pasado muestras de una potencia bélica en la que la estrella eran los misiles intercontinentales nucleares que pueden ser lanzados desde submarinos a 7.000 kilómetros de distancia y en 30 minutos alcanzarían cualquier punto del territorio estadounidense.

Sin embargo, la celebración estuvo ensombrecida por la rebelión hongkonesa de una magnitud inusitada, con centenares de miles de personas en la calle en manifestaciones no autorizadas y la policía reprimiendo con fuego real y centenares de detenidos. Culminaba el cuarto mes de protestas ciudadanas en Hong Kong, que presumiblemente seguirá este fin de semana, y en las que, más allá de reivindicaciones puntuales, la población quiere que se perfeccione un sistema completamente democrático donde el gobierno surja de las urnas, en lugar del actual, en el que la última palabra la tiene Pekín. La isla, antigua colonia británica, fue cedida en 1984 en una negociación en la que Margaret Thatcher le paró los pies a Den Xiaoping, que quería convertir a Hong Kong en una provincia más de China “tomándola en un solo día”. Al final quedó establecida la autonomía: “Un país, dos sistemas”, con división de poderes, libertad de prensa y hasta una moneda propia, hasta 2047. Los optimistas esperaban una evolución de toda China hacia la democracia, con Hong Kong a la vanguardia. En realidad, el régimen ha endurecido su control hasta la actual explosión popular. Si el Partido Comunista cediera en la isla, podría abrir un proceso de cambio democrático para ceder en toda China, lo cual se considera imposible.

Las otras sombras que perturban el triunfalismo del 70.º aniversario de la República Popular son, en primer lugar, la conflictiva diversidad étnica. Aunque predominan los han, China está compuesta de 55 etnias, y dos de ellas, los uigures, de religión musulmana y que viven en la región noroccidental, con una gran riqueza en petróleo y gas, se levantan periódicamente con violencia, al igual que los habitantes de Tíbet, en permanente tensión con Pekín. Finalmente, un problema soterrado por el momento, pero de la mayor magnitud: la isla de Taiwán, un Estado autónomo que China desea anexionar, lo que solo podrá hacer con una situación bélica de alcances internacionales imprevisibles.

P. S.: “Voy a hacer lo posible para que no me maten”. Con estas palabras se despedía de mí hace unos días el periodista Jorge Enrique Botero, amenazado gravemente por las ‘Águilas Negras’, antes de tratar de ponerse a resguardo. Parecidas intimidaciones han recibido en las últimas semanas otros informadores y dirigentes de ONG, como León Valencia. Algunos se han visto obligados a salir de Colombia, lo que, tratándose de gente experimentada en estas lides, da muestra de la seriedad que atribuyen a estos avisos. Supongo que ‘la autoridad competente’ está empleada en localizar y desactivar las amenazas. A los ciudadanos de a pie solo nos queda el ejercicio de la indignación y la solidaridad.

ANTONIO ALBIÑANA

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