¿Quién se acuerda de Honduras?

¿Quién se acuerda de Honduras?

Se ha convertido en paraíso del narcotráfico. Ha desmantelado los sistemas de protección social.

20 de julio 2019 , 11:53 p.m.

Si hay un país desdichado en América Latina, con los peores estigmas de la pobreza, la corrupción, el narcotráfico, la emigración forzada, la ausencia de institucionalidad... ese es Honduras. Algunos de esos factores se están dando en Venezuela, pero la diferencia, además de las riquezas naturales del país de Bolívar, es que los temas venezolanos están en el foco de la política internacional, que se negocian salidas a su lamentable situación que pronto o tarde van a llegar. Honduras no existe en la agenda de nadie en Europa ni en América, aunque ostenta algunos dudosos ‘récords’: protagonizó el último golpe militar latinoamericano, es uno de los países más violentos del mundo, es el segundo más pobre después de Haití en el continente y, con Guatemala, el que aporta más inmigrantes ilegales hacia Estados Unidos. ¡Ah!, y es el que ha generado más muertes de periodistas y defensores de derechos humanos en relación con su población, de 9 millones de habitantes.

Durante los años 70 y 80, Honduras fue en la práctica una base estadounidense, el centro de operaciones para sus campañas ‘contrainsurgentes’ contra las guerrillas en Guatemala, El Salvador y Nicaragua. En 1995, el Senado estadounidense reconoció la existencia de “escuadrones de la muerte” formados con su asistencia para eliminar opositores y defensores de derechos humanos. En las últimas décadas, la presión estadounidense sobre la zona pareció aflojar, hasta programar una especie de ‘plan Marshall’ con el que presidente Obama ayudaba a toda Centroamérica, cuyos fondos no llegaron jamás a tierras hondureñas.

Cuando empezaba a normalizarse la situación, la noche del 29 de junio de 2009, el presidente legítimo, Manuel Zelaya, fue levantado de su cama a punta de pistola por militares hondureños, y embarcado en un helicóptero de Estados Unidos rumbo a Costa Rica. En los círculos empresariales y de poder creaba inquietud la aproximación de Zelaya al bloque de Venezuela, Bolivia y Ecuador, con el apoyo de Brasil y Argentina. El golpe fue condenado por todas las instancias internacionales, incluida la OEA, pero su secretario general, Luis Almagro, nunca ha ofrecido un apoyo real a Honduras, dedicado en exclusiva a Venezuela. Mientras tanto, el país se ha convertido en el paraíso del narcotráfico. El Estado ha desmantelado en los últimos años todos los sistemas de protección social, derechos humanos y atención a los recursos naturales. Mientras, han crecido las protestas de estudiantes y del sector salud hasta hoy mismo, con decenas de víctimas en las manifestaciones diarias.

Hablo con un consultor de Naciones Unidas que conoce a fondo Honduras y prepara su vuelta al país para trabajar especialmente en derechos humanos, y me resume la situación: “El crimen organizado coopta una buena parte de las claves de la política, financia las campañas electorales, ejerciendo el poder local, poniendo a sus propios candidatos; tiene más capacidad que el Estado, que es incapaz ya de proveer la justicia; la institucionalidad política está rota, lo que prima es la pobreza y la inseguridad...".

Como diría César Vallejo: “Perdonen la tristeza”.

P. S. En medio de tantos reportajes sobre la llegada del hombre a la Luna hace medio siglo, el ingeniero español Carlos González, que fue uno de los responsables de las comunicaciones entre el Apolo 11 y la base de la Nasa, a través de la estación de Robledo, cerca de Madrid, ha modificado ligeramente el tan difundido relato del acontecimiento. Antes de poner un pie en suelo lunar, lo primero que hizo Neil Armstrong fue asomarse a la escotilla de la nave y arrojar desde allí una bolsa plástica con los excrementos que los astronautas habían excretado durante el viaje. Un rato después bajaron y vino lo de las frases históricas y la bandera. Pero lo primero fue esa especie de ‘tarjeta de visita’ con malos augurios para el satélite sobre cómo la especie humana trata a una gran parte de su planeta: plástico y desechos.

ANTONIO ALBIÑANA

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