¿Qué fue de las primaveras árabes?

¿Qué fue de las primaveras árabes?

Con los diez años transcurridos, el balance de las ‘primaveras árabes’ no ha sido positivo.

21 de febrero 2021 , 12:17 a. m.

Una sacudida popular contra los regímenes autoritarios y dictatoriales árabes se inició hace diez años en Túnez, con la gente en la calle clamando contra la injusticia, en un movimiento imprevisible que terminó con la dictadura de Ben Alí. La protesta se multiplicó, gracias a la comunicación informal internacional, en una gran parte de mundo árabe de Oriente Próximo y el norte de África: Egipto, Libia, Yemen, Kuwait, Siria, Baréin... Con una espontánea oleada de manifestaciones callejeras contra la corrupción y en demanda de una vida digna, que provocó la caída de cuatro dictaduras, cambios de gobiernos y de ministros, impulsando reformas políticas y transformaciones positivas en la vida de los árabes en distintos países.

Todo empezó en las inmediaciones de la capital tunecina a fines del 2010, cuando Mohamed Buazizi, un vendedor callejero, se inmoló ante el Palacio de Gobierno como protesta por las vejaciones que sufría a diario por parte de la policía: acababan de derribar su modesto puesto de frutas. De inmediato prendió, en enero de 2011 en las calles de Túnez, una protesta imparable con un componente particularmente joven que acabó en el derrocamiento del dictador Ben Alí, al que los militares desobedecieron cuando les ordenó abrir fuego contra los manifestantes. Así concluyó su plan para que lo sucediera su poderosa esposa, la peluquera Leila Trabelsi.

Inmediatamente, la protesta prendió como un fogonazo en los más importantes países del entorno. En la plaza Tahrir, de El Cairo, se congregaron durante días miles de manifestantes, con una especial participación activa de mujeres –algo insólito en el mundo árabe–, que lograron la caída y el encarcelamiento del dictador Mubarak. En la vecina Libia, la represión del dictador Gadafi contra las manifestaciones, con decenas de miles de muertos, terminó con su caída y muerte, abriendo una guerra civil que no cesa. Algo parecido sucedió en Siria, con saldo de centenares de miles de víctimas, sin final a la vista.

Con los diez años transcurridos, el balance de las ‘primaveras árabes’ no ha sido positivo. Se han replicado dictaduras militares, como la de Al Sisi en Egipto y, aun con elecciones y nuevas constituciones como en Túnez, la gente no vive en mejores condiciones que hace una década, en ausencia de una sociedad civil que haya logrado articular las demandas de la calle. Hoy se asiste a una segunda oleada de protestas que reivindican las ‘primaveras’ agostadas, en las calles tunecinas, en Argelia o en Líbano, dificultadas por la pandemia de covid-19. Pero sigue vigente lo que destacó de aquellos movimientos el maestro y amigo Jean Daniel (fundador de ‘Le Nouvel Observateur’): “Consiguieron la primacía de la libertad sobre la identidad y la de los principios universales sobre la tradición étnico-religiosa”. Una impronta que permanece viva entre las mujeres y los jóvenes árabes, diez años después.

P. S. Armas. A pesar de la crisis económica en ciernes, durante el primer año de la pandemia el comercio global de armas no dejó de crecer, particularmente desde Estados Unidos, sede de las cinco mayores empresas armamentistas del mundo. En el último año fiscal del mandato de Donald Trump, las exportaciones de armas estadounidenses crecieron hasta alcanzar 170.000 millones de dólares, según el Departamento de Estado. En otros países, por ejemplo España, durante el mandato del socialista Pedro Sánchez se incrementó la venta de armas al exterior (incluyendo países en conflicto) en un 650 %. El reto para el armamentismo está ahora de nuevo en territorio estadounidense, donde se trabaja en la creación de una “fuerza armada del espacio” –de costos no revelados– destinada, según fuentes especializadas, a “proteger los satélites y otros equipamientos espaciales vitales para la seguridad nacional y la comunicación”. China y Rusia se preparan en la misma línea de armamento intergaláctico, y Francia ya ha anunciado la formación de un “ejército del aire y del espacio”.

ANTONIO ALBIÑANA

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