Primavera tardía en Argelia

Primavera tardía en Argelia

El pueblo ha estado saliendo a la calle para manifestar su oposición a la continuidad de Buteflika.

16 de marzo 2019 , 11:58 p.m.

Argelia fue el primer territorio africano que se independizó de Europa, en 1962, después de 132 años de presencia colonial en la que exterminaron al 15 por ciento de su población. Hoy, este rico, hermoso y culto país exige en la calle democracia y libertad después de una larga etapa de dictadura encubierta.

Tras una guerra prolongada y cruel para resistir a los invasores franceses, Ahmed ben Bella proclamó la independencia, instaurando un régimen progresista que trató de promover un desarrollo con fuerte carga socialista, pero no alineado con los comunismos soviético o chino. Una de sus primeras iniciativas fue visitar a Fidel Castro y el ‘Che’ Guevara para agradecer el apoyo que Cuba había dado a la liberación argelina. Antes de llegar a La Habana, Ben Bella se detuvo en Washington para conocer a Kennedy, de quien acababa de recibir un saludo, y pedir ayuda de Estados Unidos para el desarrollo argelino. Según me contó mucho después, hubo buena química en el encuentro. Solo le pidió que suspendiera la continuación de su viaje a Cuba, a lo que Ben Bella se negó. En los pasillos de la Casa Blanca se le acercó un asesor para advertirle que, a veces, aviones que transitaban hacia la isla “se caían” por el camino.

Después de unos años triunfales estrenando independencia, con festividades cuyo eslogan era ‘Un solo héroe, el pueblo’, que hoy retoman los estudiantes con interesantes ensayos sociales, el ejército argelino fue minado por una conspiración en la que pronto se vio la mano soviética, en su intento por tener influencia en el continente africano a través de un país tan importante como la Argelia libre. El propio ministro de Defensa, Huari Bumedien, con los oficiales formados en la URSS, montó un golpe de Estado militar que depuso en 1965 a Ben Bella.

Se inició así una larga etapa, con el gobierno de una camarilla dominada por los militares y los servicios secretos y la burocracia que controla las grandes riquezas naturales de Argelia, fundamentalmente gas y petróleo. A nivel popular se denomina a esta amalgama sencillamente el ‘poder’. Una dictadura ‘tranquila’, sin masacres escandalosas, con una especie de ‘tolerancia represiva’ y un nivel de paternalismo social.

En las conversaciones de paz con los islamistas, después de una guerra interna con 200.000 muertos, a cuyo tramo final en Madrid asistí como observador, conocí a Ben Bella, héroe de la independencia argelina, que actuaba como mediador y podría haber sido la figura de consenso que encaminara a Argelia a la democracia. Pero los militares no acababan de fiarse de él, y para la patronal tampoco era persona de confianza, preocupado como estaba por los temas ambientales y las barbaridades que se estaban produciendo en África. De hecho, presentamos juntos en Madrid un libro sobre ecología del agua.

El ‘poder’ eligió como cara suprema civil a Abdelaziz Buteflika, que había sido canciller y sería aupado a la presidencia en cuatro ocasiones, con abrumadoras votaciones, siempre por encima del 80 %. En 2013, Buteflika sufrió un ictus que lo convirtió en un vegetal sin capacidad de comunicación. Aun así, la camarilla reinante intentó presentarlo a una quinta elección para abril de este año. Desde febrero, el pueblo ha estado saliendo masivamente a la calle para manifestar su oposición a la continuidad de Buteflika, en especial la juventud (el 70 % de la población tiene menos de 30 años), recuperando el espíritu de la independencia, incluso con la presencia física de viejas heroínas como la mítica Djamila Bouhired, de 84 años. Al final se anularon los comicios, y todo ha quedado abierto para una transición a la democracia o para un golpe por el que la camarilla reinante seguiría manteniendo el poder indefinidamente. El 28 de abril, fecha en que termina el mandato formal de Buteflika, será el momento clave. Mientras tanto, dejemos en el aire las palabras del diario ‘Al-Watan’: “El viento de la primavera argelina ha comenzado a soplar, y nada la parará”.

ANTONIO ALBIÑANA

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