Palestina: una paz imposible

Palestina: una paz imposible

Legitimar asentamientos israelíes en Cisjordania contradice años de política exterior de EE. UU.

24 de noviembre 2019 , 01:33 a.m.

La decisión de Estados Unidos, anunciada esta semana por su secretario de Estado, Mike Pompeo, de legitimar los asentamientos israelíes salvajes en el territorio de Cisjordania, por considerar a partir de ahora que “no vulneran el Derecho Internacional”, no solo contradice la política exterior norteamericana, sino que dinamita la posibilidad de una paz en el conflicto más antiguo de los abiertos en el mundo contemporáneo, el israelo-palestino, centro de la inestabilidad en Oriente Próximo desde hace más de medio siglo, al eliminar la posibilidad de construcción y coexistencia pacífica de dos Estados.

Israel, desde la llamada guerra de los Seis Días, en 1967, hasta 2016, según cifras de la ONG israelí B’Tselem, estableció más de 200 asentamientos en la Cisjordania palestina. Todos ilegales, según la normativa internacional. En este momento, por medio de ‘ocupaciones’ está a un paso de anexionarse una parte importantísima de Cisjordania, el 60 por ciento, haciendo inviable la construcción de un Estado palestino, ya que lo que quedará será una amalgama de cantones desconectados, como Jericó, Hebrón, Nablús y Yenin. Es interesante destacar que el propio primer ministro Ariel Sharon ordenó en 2005 el desalojo de los asentamientos incontrolados.

Tras la ‘legalización’ en la práctica de las ocupaciones israelíes por Estados Unidos, la Unión Europea comunicó a través de su representante en Política Exterior, Federica Mogherini, que su posición no ha variado: todos los asentamientos son ilegales de acuerdo con el Derecho Internacional y erosionan la viabilidad de la solución del conflicto; la única forma realista y viable de satisfacer las aspiraciones de ambas partes (palestina e israelí) es la de dos Estados”.

La decisión del tándem Trump-Pompeo contradice además 40 años de política exterior estadounidense. Recordemos los Acuerdos de Oslo de 1993, o el apretón de manos entre Clinton, Barak y Arafat en Camp David en julio de 2002. Más recientemente, Barack Obama permitió, con la abstención estadounidense en el Consejo de Seguridad, que la ONU aprobara una moción que consideraba los asentamientos israelíes en suelo palestino una “flagrante violación del Derecho Internacional”.

Todas las decisiones de Trump han ido en sentido contrario: traslado de la embajada de Tel Aviv a Jerusalén, reconocimiento de la anexión de los altos del Golán, cierre de la sede de la OLP en Washington, recorte de fondos a la Agencia de la ONU para los Refugiados. Y ahora, según el jefe de los negociadores palestinos, Saeb Erekat, “reemplaza el Derecho Internacional por la ley de la jungla”.

Según el diario hebreo ‘Ha’retz’, el gesto de Trump sería un guiño hacia los electores evangélicos estadounidenses de cara a los comicios de 2020 y un apoyo al tambaleante primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. En todo caso, como señala el exsecretario de Estado John Kerry: la posibilidad de paz entre Israel y Palestina hoy está muerta.

P. S. Mortífera transición. Recordemos: el presidente Evo Morales, después de una serie de errores, el mayor tratar de alargar sus mandatos como presidente hacia un cuarto (como el que ejerce, por ejemplo, Merkel en Alemania, pero que la Constitución boliviana impide), se sometió al ‘golpe blando’ que le propinaron los poderes fácticos. Se anunciaba una transición ordenada y pacífica, con inmediatas elecciones generales. Todo ha sido más complicado. Una señora Jeanine Áñez, representante de un partido, el Movimiento Democrático Social, con 4 diputados de 130, ocupó la presidencia. Como no había quorum parlamentario, el propio jefe del Ejército, Willian Kaliman, le impuso la banda presidencial. Entre sus primeras medidas, eximir a los militares de responsabilidades en la represión cruenta de las previsibles protestas. Ya van 32 muertos, y ningún horizonte de normalidad democrática. La representante de la ONU para los Derechos Humanos, Michelle Bachelet, ha protestado. ¿Dónde está la OEA?

ANTONIO ALBIÑANA

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