Momento decisivo para Europa

Momento decisivo para Europa

435 millones de ciudadanos están llamados a las urnas para elegir 705 eurodiputados.

06 de marzo 2019 , 07:00 p.m.

Ante una serie de incidentes, la compañía de los ferrocarriles españoles ha revelado un sistema de emergencia que se mantiene operativo: ‘el dispositivo del conductor muerto’, que frena automáticamente el tren si quien lo conduce no interactúa en ciertas cadencias con un elemento mecánico.

Ante todas las amenazas que Europa tiene encima –deserciones de Estados tan importantes como Gran Bretaña, crisis del euro, resurgimiento del soberanismo nacional o regional–, la Unión Europea parece haber puesto en marcha un sistema parecido al previsto para los trenes españoles en fase de alarma: se detuvieron la conducción y el avance. Por eso, las elecciones del próximo mayo se consideran las más decisivas en su historia: 435 millones de ciudadanos están llamados a las urnas para elegir 705 eurodiputados y sobre todo para volver a dar vida a lo que teóricos como Ulrich Beck consideran ‘la última utopía política efectiva’.

No es exagerado decir que en la mayor parte de Europa avanzan movimientos antieuropeístas, en muchos casos con discursos xenófobos y hasta antisemitas

Las dos fuerzas que han pilotado la Europa unida en las últimas décadas entraron en crisis ante el abandono de sus bases y electores y la sequía de ideas para darle el impulso que necesitaba ante el desarrollo de todo tipo de fuerzas negativas y disgregadoras, incluyendo la manipulación subrepticia desde la Rusia de Putin. La socialdemocracia dejó de lado su entraña social y progresista para gestionar la crisis de 2008, similar en algunos aspectos a la Gran Depresión de 1929, y se movió a favor de sanear los bancos con dinero público y aplicar políticas que recortaban las conquistas sociales en aplicación de lo que se ha denominado el ‘austericidio’. Por su parte, el otro eje europeo, la derecha de los Populares, ha ido decayendo en influencia y prestigio social al asumir parte de la agenda de los movimientos ultras xenófobos y nacionalpopulistas: ante el original y la copia, como siempre ha sucedido, el electorado prefiere lo genuino.

No es exagerado decir que en la mayor parte de Europa avanzan movimientos antieuropeístas, en muchos casos con discursos xenófobos y hasta antisemitas, como se ha puesto de manifiesto en Francia en las últimas semanas. Allí, el movimiento de Marine Le Pen supera ya en intención de voto al del presidente centrista Macron. El ultraderechista Matteo Salvini es el hombre fuerte de Italia. El primer ministro húngaro, Viktor Orban, no oculta su xenofobia. El parafascista Geert Wilders capitanea la segunda fuerza del Parlamento holandés. El frente probrexit, nació en Reino Unido precisamente para salir de Europa, algo parecido a la pulsión del primer ministro polaco. Alice Weidel, ultraderechista y capitana de Alternativa por Alemania, ya cuenta con 15 % de intención de votos para las elecciones de mayo.

Formaciones similares han surgido en Chequia, Austria, Finlandia, Noruega, Dinamarca, Suecia y España. Todos ellos podrían constituir un poderoso grupo antieuropeo en el próximo Parlamento continental si no se acaba de tomar conciencia del fenómeno que algunos ya denominan de “resurgimiento del fascismo”, y se hacen rebrotar los ideales de una Unión que, más allá de lo económico, se constituyó como un espacio de dignidad y libertad que ha mantenido al continente sin guerras durante más de 70 años.

Para ello es necesario que, como señala el actual presidente del Parlamento, Antonio Tajani, el gobierno de la Unión sea más democrático y sean los representantes por los que se va a votar –y no los burócratas y funcionarios de Bruselas– quienes decidan sobre su futuro y sobre los temas que de verdad importan a la ciudadanía.
Frente a los que propugnan la vuelta de nacionalismos y soberanismos, para el profesor Innerarity (‘El nuevo espacio público’), Europa es una suerte de laboratorio para un mundo verdaderamente multipolar: “La primera entidad política que se configura sin necesidad de un patriotismo de esos que exigían un pueblo delimitado y homogéneo, un origen común, unidad de lengua y cultura y algún enemigo exterior que fuera útil para la cohesión interna”.

Sal de la rutina

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