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Las alianzas internacionales, en crisis

Las alianzas internacionales, en crisis

El 'America first' por encima de todo sigue siendo la línea directiva de la Casa Blanca.

23 de septiembre 2021 , 08:00 p. m.

El inicio del otoño en el norte del planeta se está viendo presidido por el estallido imprevisible de las mayores alianzas multilaterales forjadas en el siglo pasado, al final de las dos grandes guerras: la Alianza Atlántica (Otán), la Unión Europea... hasta la propia ONU, cuya crisis de eficacia puso de manifiesto el martes pasado el jeremíaco discurso de su secretario general, António Guterres, en la apertura de su Asamblea General número 76. Añadamos la crisis, no por ignorada menos grave, del continente africano, al que regresa la absoluta ruptura de alianzas de paz en un nuevo ciclo de desgobernanza y golpes de Estado no registrado desde los años 50 del siglo XX.

(Lea además: Geopolítica después de Kabul)

De improviso, una hora antes de la firma, Francia se enteró el pasado 15 de septiembre de la cancelación de su importantísimo acuerdo económico para la venta de submarinos al continente australiano. Estados Unidos firmó el acuerdo Aukus (por sus siglas) con el Reino Unido y Australia, que había estado gestionando en secreto para vender submarinos nucleares a Canberra, puenteando así a todos sus aliados transatlánticos. Una bofetada en la cara de Francia que toda Europa ha resentido como propia. Estados Unidos se entrega a los ingleses, poco después de su ruptura (brexit) con un decisivo debilitamiento de una Unión aún no forjada del todo. Al mismo tiempo rompe con la Alianza Atlántica, el pacto militar con el que, a pesar de su tradicional dirección desde Bruselas, condujeron los estadounidenses como decisivo pacto militar contra la Unión Soviética durante toda la Guerra Fría. A continuación, un brutal e insólito gesto de Francia: la llamada a sus embajadores en Estados Unidos y Australia, tras lo que sintieron como una “puñalada traidora”, con una prerruptura de relaciones que nunca se había dado en la historia. El objetivo confeso de Estados Unidos: frenar a China en el Índico y el Pacífico, al margen de sus alianzas con Europa y en particular y decisivamente con Francia, el único país europeo con la bomba atómica y con asiento permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU.

El debate estos días se centra en la necesidad de una fuerza geoestratégica propia al margen del ‘amigo americano’.

Todo el continente europeo se ha conmovido con el desplante estadounidense: el debate estos días se centra en la necesidad de una fuerza geoestratégica propia al margen del ‘amigo americano’, que ya no lo es tanto. Como me comentan estos días colegas de la prensa europea especializada, la administración Biden no se diferencia de la de Trump en política internacional: en cuestiones estratégicas, sanitarias o financieras globales. El ‘America first’ (‘América primero’) por encima de todo sigue siendo la línea directiva de la Casa Blanca en política internacional.

Por lo demás, las palabras del secretario general Guterres en la apertura de la Asamblea General de Naciones Unidas esta semana no pueden ser más elocuentes en su impotencia: “Estoy aquí para hacer sonar las alarmas (...), nuestro mundo nunca ha estado más amenazado y más dividido (...). Los derechos humanos están bajo fuego y la solidaridad está ausente cuando más la necesitamos...”. (Volveremos).

P. S. Talibanes. Después de las carantoñas de presunta paz para inaugurar la gestión afgana, los talibanes en el poder empiezan a mostrar las tenebrosas pezuñas del peor islamismo. Al nombramiento como nuevo ministro de Justicia de Haqqani, líder del grupo terrorista del mismo nombre, autor confeso de atentados y masacres en los últimos años, se unen el cierre del Ministerio de Asuntos de la Mujer y su sustitución por otro para la “Promoción y el Fomento de la Virtud y la Prevención del Vicio”. Desplegará la antigua ‘Policía de la Virtud’ para golpear a las mujeres que no se hallen “correctamente vestidas” o circulen sin el acompañamiento de un varón. La interpretación talibana de la ‘ley islámica’ ya ha señalado la marginación de las chicas en el sistema de enseñanza pública y en cualquier actividad económica. Como señalan algunos expertos en la materia, se están pasando de raya, al olvidar que Jadiya, la propia esposa de Mahoma, fue una rica y poderosa empresaria, una emprendedora mujer de negocios hace 1.400 años. Son más papistas que el papa.

ANTONIO ALBIÑANA

(Lea todas las columnas de Antonio Albiñana en EL TIEMPO, aquí)

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