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La paz del planeta se juega en Taiwán

La paz del planeta se juega en Taiwán

Hay máxima tensión en las esferas internacionales ante la presión dominadora de China sobre Taiwán.

16 de octubre 2021 , 10:35 p. m.

Desgajada de la China continental, la isla de Taiwán se ha convertido en los últimos días en un polvorín de consecuencias imprevisibles a escala planetaria, ante el ascenso de la manifestaciones anexionistas del presidente chino, Xi Jinping, y las intenciones estadounidenses de oponerse por todos los medios, en un momento en el que crece la potencia nuclear china, que trata de afirmarse como superpoder en todos los órdenes.

Taiwán se estableció como república independiente –de hecho, adoptó el nombre de República China–, en 1949, constituyendo una próspera democracia autónoma de economía libre a tan solo 180 kilómetros del territorio comunista dominado por Pekín, que considera a los taiwaneses como “una provincia separatista”.

La tensión es máxima en las esferas internacionales estadounidenses y europeas, ante el actual nivel de presión dominadora de la China continental sobre la isla de Taiwán, más fuerte que nunca, con demostraciones de fuerza militar aérea sobre su territorio, incluyendo cazas y bombarderos con capacidad nuclear.

Del ‘Un país dos sistemas’ del posmaoísmo, Xi Jinping ha pasado a ‘Una sola China’, abogando por una próxima “reunificación de la madre patria”, sin renunciar al uso de la fuerza para absorber a Taiwán frente a “los secesionistas, que son un riesgo muy serio para la patria” . Declaraciones que Estados Unidos está considerando como un desafío inaceptable desde una atmósfera cada vez más belicosa y cuando la CIA designa a China como “la amenaza geopolítica más importante en el siglo XXI”.

La caótica salida estadounidense de Afganistán ha enardecido a los dirigentes chinos, reforzando su convicción de la decadencia de la potencia americana al tiempo que los estrategas militares estadounidenses consideran que la anexión de Taiwán por el régimen chino significaría el fin de su dominación en la zona Indo-Pacífica y su declive decisivo como poder económico y militar.

De forma tan dramática como firme, la presidenta taiwanesa, Tsai Ing-wen, acaba de manifestar que su país y sus 23 millones de habitantes van a “resistir con todas sus fuerzas a la anexión o a la vulneración de su soberanía”. Estados Unidos no ha cesado de aportar a Taiwán instrumentos para su defensa, manifestando de forma implícita que se volcará en su apoyo frente a los comunistas de Pekín, mientras los sondeos más recientes ponen de manifiesto que la mayor parte de la población estadounidense es favorable a una solución militar armada que enfrentaría a dos potencias nucleares, en un peligroso e insólito escenario de tensión geopolítica.

Como ha editorializado el importante diario francés Le Monde: “Una agresión china acarrearía el riesgo de desencadenar un conflicto directo con Estados Unidos. Se encontrarían entonces amenazadas no solamente la estabilidad de Asia oriental, sino también la paz del mundo”.

P. S. Fascismo negacionista. La irracional resistencia ante la realidad de la pandemia y la negativa a la vacunación se están mezclando en diversos países europeos con mensajes y movilizaciones de la ultraderecha más extrema y hasta con el renacer absurdo del antisemitismo que provocó la muerte de millones de personas el pasado siglo. En Alemania, el mensaje negacionista es uno de los ejes del programa de la ultra AfD (Aternativa por Alemania) presente en su reciente campaña electoral para la cancillería. En Francia, centenares de miles de personas opuestos al pasaporte sanitario llenan cada fin de semana las plazas de las principales ciudades con eslóganes ultras. Pero donde los mensajes “antivacunas” se están manifestando como mayor fuerza es en Italia, con la provocación de desórdenes de gran envergadura. La irracionalidad negacionista está sumando apoyos a la ultraderecha fascista. No en vano Rachelle Mussolini, la nieta del “Duce”, ha sido elegida como la concejal más votada de Roma.

ANTONIO ALBIÑANA

(Lea todas las columnas de Antonio Albiñana en EL TIEMPO aquí).

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