close
close
Secciones
Síguenos en:
La mala salud de la democracia en el mundo (II)

La mala salud de la democracia en el mundo (II)

¿Le quedan únicamente dos años de normalidad a la democracia más antigua del mundo?

13 de enero 2022 , 08:00 p. m.

"Ya me cansé de estar callado". El martes pasado, el presidente Joe Biden, en una alocución en Atlanta, calificó directamente de "intento de golpe de Estado" el asalto al Capitolio, del que se cumple un año: "La turba violenta, alentada por el presidente derrotado, buscó ganar a través de la violencia lo que había perdido en las urnas (...), desde aquél día la democracia y el futuro de la democracia no están seguros" manifestó.

(También le puede interesar: Claves geopolíticas para el nuevo año)

Según una encuesta se Ipsos, el 64 % de la población estadounidense cree que la democracia está en crisis y corre el riesgo de fracasar. Mientras que la profesora de ciencia política Barbara F. Walter, miembro del comité consultor de la CIA sobre inestabilidad política, opina que "los estadounidenses están más próximos a una guerra civil de lo que les gustaría creer” (The Washington Post). El Instituto Internacional para la Democracia de Estocolmo sitúa a Estados Unidos en una lista de “democracias en retroceso".

¿Le quedan únicamente dos años de normalidad a la democracia más antigua del mundo? Son muchos los analistas que estiman que en Estados Unidos podría producirse en 2024 una "emergencia democrática" o "un gran susto" si Donald Trump regresa a la Casa Blanca.

Pero, al margen de la peripecia trumpista y el anuncio de su regreso a la presidencia, es evidente que Estados Unidos vive en una u otra medida la crisis erosiva de las democracias en todo el mundo, con una capitalización, por parte de Donald Trump, de un difuso descontento social, la falta de aplicación de algunas de las políticas progresistas que se esperaba de Biden y el descrédito de la democracia y su eficacia para resolver los problemas ciudadanos.

Estados Unidos vive en una u otra medida la crisis erosiva de las democracias en todo el mundo, con una capitalización, por parte de Donald Trump, de un difuso descontento social

Son muchas las obras que se han publicado sobre el asunto; la más difundida, la de Anna Applebaum El ocaso de la democracia, sobre el avance del autoritarismo en todo el mundo, no solo en Rusia o China. Según el sociólogo Manuel Castells, este avance se da en campo abonado: "La mayoría de los ciudadanos del mundo no confían en sus gobiernos ni es sus parlamentos".

Aumentan las protestas; el descontento social, que ha experimentado un aumento histórico en los últimos 15 años y se incrementará con la crisis pandémica. Y la principal causa es la percepción del fracaso de las democracias para gestionar unos derechos humanos ya establecidos y reconocidos. Y surge una nueva clase no prevista en los análisis de la izquierda: "las invisibles", una creciente mayoría formada por un colectivo cada vez más amplio de desempleados, trabajadores con contratos atípicos, pensionistas en riesgo, inactivos... que, según el politólogo Emanuele Ferragina (Instituto de Estudios Políticos de París), supera ya el 50 % de la población europea, y en la que los jóvenes sin expectativas de futuro ocupan una posición relevante. Tal como plantearon Joe Biden y António Guterres a fines de 2021, es tarea fundamental para el nuevo año revitalizar la eficacia del sistema democrático para cerrar el paso a los populismos que pescan en río revuelto.

P. S. Corazón. Según la revista Science, de las 125 preguntas más importantes para la humanidad, la segunda es: ¿cuál es la base biológica de la consciencia, dónde reside? En entrevista con el diario La Vanguardia (Barcelona), el neuropsicología José Enrique Campillo, citando a algunos científicos ilustres, recordaba hace algún tiempo la existencia de varias teorías que apuntan a que la consciencia no reside exclusivamente en el cerebro, aunque sí dentro del cuerpo. Por ejemplo, en el corazón, un órgano con miles de neuronas y conexiones. Algunas investigaciones demuestran que muchas personas tras ser trasplantadas de corazón empezaron a tener gustos y sentir cosas que antes no sentían. Un cardiólogo que investigó a fondo la cuestión se dio cuenta de que una parte de los recuerdos y sensaciones que tenían los trasplantados correspondían a las que habían sentido los donantes del corazón. El viernes pasado, el paciente David Bennett, de 57 años, fue trasplantado en Maryland (EE. UU.) con el corazón de un cerdo. Parece que todo va bien.

(Lea todas las columnas de Antonio Albiñana en EL TIEMPO, aquí)

Más de Antonio Albiñana

Llegaste al límite de contenidos del mes

Disfruta al máximo el contenido de EL TIEMPO DIGITAL de forma ilimitada. ¡Suscríbete ya!

Si ya eres suscriptor del impreso

actívate

* COP $900 / mes durante los dos primeros meses

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta y podrás disfrutar de:

  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta y podrás disfrutar nuestro contenido desde cualquier dispositivo.